Antes del viaje... a prepararse
Al recorrer durante cuatro días el Kumano Kodo acabé con una rodilla destrozada, en la bajada del Fuji juraría que tuve alguna alucinación, durante el último tramo del Dewa Sanzan me apoyé en una barandilla inestable y caí ladera abajo, el segundo día de empezar el Camino Inglés desde Ferrol me torcí el tobillo y acabé con tendinitis… Por mis aventuras previas, creo que no sorprende que, trar leer el libro de Luigi, viera el Shikoku Henro como un proyecto totalmente fuera de mi alcance.
A pesar de ello, no me lo pude quitar de la cabeza y negocié conmigo mismo. Primero pensé en hacer la peregrinación en distintos años, y cada año recorrer los templos de una prefectura. Esta opción es la elegida por muchas personas, especialmente japoneses, que aprovechan los festivos para ir haciendo tramos. Y aunque es totalmente válida, mi afán de “completismo” me impedía estar cómodo con esa opción, especialmente al contar con el tiempo suficiente para poder recorrer la peregrinación. Así que me propuse otro acuerdo: me embarcaría en este proyecto solo si me preparaba lo suficiente, física y mentalmente, para que no fuera un desastre.
En el plano físico, mis hábitos saludables como opositor habían estado reducidos a alguna sesión esporádica de gimnasio y a ir en bicicleta hasta la biblioteca. En foros y páginas especializadas, se recomendaba entrenar desde varios meses antes de empezar el camino de Shikoku, haciendo rutas de montaña y, a ser posible, con la misma mochila y peso de la peregrinación. Me lo propuse… pero jamás lo llegué a hacer. Sí que intenté estar más activo los dos meses previos, yendo a escalar al menos dos veces por semana, aumentando los trayectos en bici e incluyendo algo más de cardio en los calentamientos, pero creo que en este aspecto no soy el mejor ejemplo que seguir.
Sí que aprendí de lecciones pasadas, y me esforcé por reducir al mínimo el peso de la mochila, otra tarea que se me antojaba complicada al ser mi equipo durante casi 60 días. Junto con la mochila, el material seleccionado fue:
- Camiseta blanca térmica ligera.
- Camiseta térmica gruesa (x).
- Camiseta gris corta.
- Camiseta gris larga (x).
- Camiseta verde larga.
- Camiseta azul larga (para usar tanto como pijama como al acabar la ruta).
- Pantalón de trecking.
- Pantalón de gimnasio (para usar tanto como pijama como al acabar la ruta).
- 4 calzoncillos.
- 2 pares de calcetines normales, 2 pares de calcetines de cinco dedos (para evitar ampollas).
- Chubasquero.
- Gorro y guantes.
- Bufanda (x).
- Gorra para el sol (x).
- Abrigo ligero (x).
- Zapatillas New Balance (compradas un mes antes, pero habiéndoles dado bastante uso).
- Sudadera (x).
- Sandalias (x).
- Tablet (para lectura al acabar la ruta y para el visionado del máster online que estaba cursando).
- Cargador, adaptador, auriculares.
- Productos de higiene y pequeño botiquín.
Conseguí menos peso que para el Camino Inglés, pero todavía había que añadir los utensilios de peregrino que compraría en el Templo 1. De hecho, a los cinco días de peregrinar, dejé todo aquello marcado con una (x) en un hostel, hasta mi regreso al acabar el Camino. El mejor consejo que puedo dar es el más evidente: cuanto menos peso llevéis, mejor. Si las temperaturas van a ir disminuyendo, como fue mi caso, mientras se recorre el Camino, se pueden ir comprando prendas de abrigo en las ciudades. Si las temperaturas van a ir aumentando, es recomendable empezar con ropa que se pueda ir tirando cuando ya no sea necesaria.
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| Material que llevé a Shikoku y al final guardé en la ciudad de Tokushima hasta mi regreso. |
Y es que, el Shikoku Henro es una carrera de fondo, en la que hay que saber adaptarse a los distintos eventos que puedan ocurrir. Entender esta adaptación fue parte de mi preparación mental. Por mucho que quisiera llevar todo organizado al milímetro, rara fue la etapa en la que no ocurrió algo que se escapaba a mi control: tormentas, templos cerrados antes de tiempo, caminos sin salida o con algún animal de por medio… elementos inesperados que dieron forma a mi camino en Shikoku. Pero… ¿y si algún evento, como un tifón o una lesión, me impedía avanzar? El miedo de ser incapaz de recorrer tantos kilómetros me invadió la semana antes de partir, por lo que decidí comprobar si al menos la mayoría de las etapas se podían hacer en transporte público. No era mi opción ideal, pero me dio algo de seguridad saber que contaba con esa posibilidad para acabar la peregrinación si en algún punto mis piernas no podían más.
Y hasta aquí la introducción de mi historia. Una vez informado, organizado y, más o menos, preparado, solo me quedó ir hasta el aeropuerto y coger el avión para regresar por fin a Japón… aunque eso lo hablaremos en la siguiente publicación.
¡Hasta la próxima!
また!

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