Esta etapa se describe como una de las más duras, con más de 1.000 metros de elevación... y puede complicarse si no cuentas con alojamiento al acabar o si llueve, pues las peligrosas cuestas son más resbaladizas.
Llegó uno de los días claves de la peregrinación. En el libro de Dunskus, esta etapa se describe como una de las más duras, con más de 1.000 metros de elevación sin restaurantes, tiendas y, por increíble que parezca, máquinas expendedoras. En algunos sitios de internet leí que, si dudas de tu preparación física, puedes comenzar la peregrinación en el Templo 13 o posponer la visita al Templo 12 para el final. La etapa puede complicarse además si no cuentas con alojamiento al acabar (solo hay uno y muy solicitado) o si llueve, pues las peligrosas cuestas son más resbaladizas.
Por mi parte, hice casi todo lo que estaba en mi mano para reducir los riesgos. Reservé el alojamiento meses antes con cena y desayuno incluidos (para no tener también que cargar con ello todo el día), llevé algunas provisiones como frutos secos y agua, y respecto a la lluvia… recé en los templos para no tener que enfrentarme a ella en esta primera ruta de montaña. La única facilidad que rechacé fue el traslado gratuito de mi mochila desde Channel Kan hasta el siguiente alojamiento.
Me levanté antes de las seis, recogí todo, me eché mi pomada recién recuperada y me puse en marcha. Los primeros minutos seguí la carretera principal hasta llegar a un 7-Eleven, donde hice el calentamiento y compré el desayuno. No pasaban muchos coches, así que de fondo pude escuchar el tren y el paso a nivel. Antes de abandonar el pueblo me crucé con un par de niñas que entre risas me saludaron, a lo que respondí con un alegre ohayou gozaimasu (buenos días).
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| Cielo casi despejado a primera hora. |
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Camino al Templo 11.
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Dejé atrás la carretera principal y me adentré por plantaciones, acercándome poco a poco a la montaña que tocaba subir ese día. Antes de llegar al primer templo, me interceptó un voluntario en un puesto de información sobre la peregrinación. Hablamos un poco en mezcla de japonés/inglés y, aunque muchos de los consejos ya los sabía, me habló de una web que desconocía: 88 Temples, con información específica sobre cada templo (y, lo más interesante, con un mapa de cada uno de ellos).
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| Oficina de información para ohenros. |
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| Sanmon de Fuji-dera. |
A unos pocos minutos estaba el Templo 11 (Fuji-dera), a los pies de la montaña. Llegué antes de las 7:30, justo cuando la responsable comenzaba su apertura. Recorrí con calma sus salones, toqué la campana y realicé los ritos, acompañado por el sonido de insectos y algún pájaro de fondo. Salí del templo, desayuné y utilicé el servicio (el último hasta el Templo 12). Un poco antes de las 8 me sellaron la libreta y me dirigí al torii de piedra al final del templo, donde comenzaba el camino de montaña.
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| Ohenro despidiéndose del Templo 11. |
Este camino no tenía nada que ver con los dos días anteriores. Era una etapa en naturaleza, muy similar a las etapas de Kumano Kodo: caminos estrechos, con miles de escalones de madera o de piedra, rodeado de árboles. Me tomé un par de momentos para disfrutar del silencio, del sonido cercano del agua cayendo, de la brisa, de las hojas… y a subir, subir, subir. El tiempo fue perfecto las primeras horas, con algo de luz pero fresquito, sin un sol abrasador.
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Comienzo de la subida al Templo 12.
 | | Por fin dejando el asfalto atrás. |
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Las señales no solo me indicaron la dirección, sino que de vez en cuando me recordaban el tipo de camino que estaba recorriendo: un henro korogashi (literalmente, peregrino rodante). Es una expresión que se utiliza para señalar aquellos tramos con elevada pendiente, donde es fácil que un ohenro pueda resbalar y caer.
Paré en un mirador con unas vistas espectaculares, pero en las que el sol ya brillaba por su ausencia. Durante el ascenso, tras adelantar a una pareja de japoneses de mediana edad, solo me crucé con tres personas. Primero con un par de excursionistas, que estaban haciendo una ruta en sentido contrario y me confirmaron que iba por buen camino. Media hora después me detuve a hablar en una cabaña con un ojiisan que estaba de paseo. Tras su marcha empecé a sentir las primeras gotas de lluvia, aunque pararon casi de inmediato. Me terminé la tortita del desayuno y volví al camino, ya que la cabaña me transmitía poca confianza por las avispas de su alrededor y las posibles pulgas en su interior.
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| Ni las nubes me quitaron paz. |
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Ojiisan paseando por la montaña.
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Cabaña habilitada para el descanso de los ohenros.
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Todavía me quedaba la mitad de la ruta, el agua comenzaba a escasear y notaba las rodillas algo doloridas. Tras una fuerte subida con algo de llovizna, alcancé un okunoin del Templo 12, presidido por una gran estatua de Kobo Daishi. Mientras descansaba en esa zona oí una campana a lo lejos… ¿sería algún peregrino ya en el templo? |
| Estatua de Kukai. |
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| Pequeño santuario perteneciente al Templo 12. |
Desde ahí empezó una dura bajada de 1 kilómetro, que me tomé con mucha calma, para evitar cualquier tipo de lesión. Me sorprendió escuchar unas voces provenientes de un megáfono… quizás su origen era alguna de las casas cercanas a la carretera. Al llegar a esa carretera, me senté a disfrutar de las vistas… y apareció Bruno-san, el ohenro francés. Me miró extrañado y me preguntó cómo había llegado hasta ahí, si había cogido algún bus. “He llegado madrugando y andando”, le respondí sonriendo.
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| Pausa antes de la segunda subida. |
Tras intercambiar algunas palabras más, dejé que Bruno-san tomara primero el camino. Los dos preferíamos caminar a nuestro ritmo, ya nos volveríamos a encontrar. Un rato después, continué el descenso y crucé un pequeño riachuelo. A los pocos minutos volví a ver a Bruno-san, que había optado por descansar nuevamente. Compartí la poca agua que me quedaba y esta vez tomé yo la delantera. Apreté el paso, pues era el momento de enfrentarme a otro henro korogashi. Tras una subida muy dura, empapado en sudor, alcancé un tramo menos empinado en el que me noté flotar.
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| Cartel indicando el último tramo de henro korogashi. |
Una hilera de linternas de piedra me guio hasta la puerta principal del Templo 12 (Shosan-ji). Se trata de un nansho, un lugar difícil de alcanzar, debido a su altitud (706 metros). Existen seis nanshos en la peregrinación, siendo este el segundo de mayor altitud. Me incliné ante el Sanmon y al entrar paré en seco al ver los imponentes cedros de más de 50 metros. Me senté en un banco a observarlos y, tras recuperar el aliento, subí las últimas escaleras e hice los ritos en los salones.
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Sanmon del Templo 12.
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| Cedros centenarios reciben a los ohenros al llegar. |
Al lado de estos se encontraba un pequeño restaurante de udón, cuyo horario de apertura había leído en internet que era incierto. En su interior se encontraba un peregrino esperando a ser atendido. Bajé a las oficinas y, tras conseguir el sello, me informaron de que el restaurante ya estaba cerrado. Apesadumbrado, me acerqué allí de nuevo para avisar al peregrino… a quien me encontré con un plato de udón caliente frente a él. Me contó que la dueña se había vuelto a ir a su casa, en uno de los edificios cercanos a los salones. Llamé tímidamente a la puerta y pregunté si sería posible recibir algo de comida, una obaasan asintió y la seguí de vuelta al restautante. Unos minutos después estaba devorando mi plato de udón, calentito y por solo 200 yenes.
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Aunque el restaurante parecía desierto...
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...acabé disfrutando de mis platos de udón.
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Al rato, llegó Bruno-san. Me pedí un segundo bol y comí con él, mientras le ayudé a planificar su llegada al alojamiento. Como no había sitio en el mío, Bruno-san tenía que andar algunos kilómetros más hasta coger un autobús que le llevase cerca del Templo 13. Cuando se marchó, me quedé un rato más en el templo, para enseñárselo a mi madre por videollamada.
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| Salones del Templo 12. |
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| Ohenro rezando con lluvia de fondo. |
El descanso de más de una hora en el templo tuvo su precio. Las nubes llevaban todo el día avisando y sobre las 15:00 rompió a llover. Recogí mi mochila y puse rumbo al alojamiento, todavía a unos 4 kilómetros de distancia. Parte del camino lo compartí con un pequeño grupo de australianos no muy habladores. Sin duda, la mejor compañía fueron unos cangrejos que encontré, muy parecidos a los que vi en el Kumano Kodo… aunque me resbalé al intentar hacerles una foto.
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A pesar de los carteles, me costó encontrar el camino desde el Templo 12.
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Pequeño riachuelo en la parte trasera del minshuku.
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Por fin, llegué a mi alojamiento, Sudachi-an. Los dueños fueron muy atentos y, tras rellenar el formulario y dejar mis cosas en la habitación, me ofrecieron llevarme en coche a un onsen cercano junto a otra huésped, Yoko-san. Durante el trayecto hablé en inglés con Yoko-san, que me contó un poco sobre su vida en Seattle con su marido.
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| Sudachi-an, único alojamiento próximo al Templo 12. |
Kamiyama Onsen fue mi primer onsen tras regresar a Japón y, aunque no fue el mejor, lo disfruté como un premio tras haber superado una de las etapas más exigentes de la peregrinación. No había rotemburo, pero sí una sala en la que poder asomarte al exterior tras salir del baño y observar la naturaleza… bastante relajante.
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| Entrada a Kamiyama Onsen. |
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| Izquierda, mujeres; derecha, hombres. |
De regreso en coche, esquivamos varios conejos que cruzaban la carretera en la oscuridad. Ya en Sudachi-an, puse una lavadora y una secadora. Intenté durante la peregrinación lavar la ropa cada tres días. En muchos alojamientos, la lavadora es un servicio sin coste para los peregrinos (una forma de osettai) y la secadora suele ser de pago.
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| Disfrutando el famoso curry de Sudachi-an. |
A las 18:00 fue mi turno de cena, junto con Yoko-san, Weng-san y su silencioso amigo. Charlamos en una mezcla de inglés y japonés y, tras pedir amablemente al matrimonio del cuarto de al lado que bajara la voz, me fui a dormir.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 19 de octubre de 2024.
- Etapa: Yoshinogawa (KM 35) - Kamiyama (KM 54)
- Distancia: 25,5km.
- Templos: T11-T12.
- Alojamiento: Sudachi-an (reserva a través de su página web).
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