Aunque en la guía este tramo es descrito como “aburrido”, a mí me encantó. A un lado, las playas de grandes rocas arrastradas por las olas; a otro lado, la exuberante vegetación. Y en medio yo, caminando tranquilamente por el suelo de asfalto, prácticamente solo.
Por primera vez, me quedé diez minutos más en la cama tras sonar el despertador; el cansancio empezaba a ganarme terreno. Fui a la máquina expendedora del hotel de enfrente, donde el día anterior ya me había fijado en el café que iba a desayunar. Me senté en la playa y disfruté del amanecer. Con un cielo tan nublado no sabía qué esperar, hasta que del fondo rojo fue emergiendo el sol, que encontró pequeños huecos en los que asomarse antes de desaparecer nuevamente.
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| Tiñendo de distintos tonos el cielo... |
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| ...emerge la bola de fuego... |
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| ...se esconde entre las nubes mientras las olas rompen... |
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| ...y resurge para anunciar el nuevo día. |
Con las pilas recargadas, recogí las cosas y volví al camino. La carretera 55 me permitió despedirme de la playa Nukusamifin y de Ikumi. En menos de una hora, gracias a un túnel, llegué al siguiente pueblo, Nonohei, e hice una parada en el santuario Nonehachimangu, escondido en un pequeño bosque antes de entrar al pueblo.
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| Ikumi y sus playas de arena. |
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| Con barandilla, un lujo. |
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| Santuario Nonehachimangu. |
En vez de continuar por la carretera 55, deambulé por las calles de Nonohei. Dentro del pueblo encontré un templo bangai de la peregrinación, el templo Myotokuji, que sirve de lugar de descanso para los ohenros desde el siglo XVII. Se trata de un templo pequeño, pero rodeado de grandes árboles y decorado con lazos de colores. En su interior, como no podía ser de otra forma, había una estatua de Kukai, a quien me alegré de volver a ver después de tantos días. Hice los ritos como en los templos oficiales de la peregrinación y recé por mi familia.
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| Entrada del templo. |
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| Salón principal, con sus sillas de jardín. |
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| Kukai, qué bien volver a verte. |
En Nonohei, al igual que en muchos lugares costeros, había una torre de evacuación para tsunamis. Como estaba abierta, subí a echar un ojo. Al bajar, una obaasan me preguntó si me había perdido y me indicó que el camino más corto para ir hasta Muroto era… la carretera 55. Aunque ya lo sabía, le di las gracias y seguí paseando por el pueblo. Me acerqué a una tienda de alimentación y a otra de dulces, para comprobar, muy a mi pesar, que ambas estaban cerradas… menos mal que llevaba algo de frutos secos y que había otra máquina expendedora para coger algo de bebida.
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| Hacia el Templo 24... aunque no llegase ese día. |
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| Algún tramo en bici no hubiera estado mal. |
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| ¡Vamos a ello, Arima! |
El pueblo terminaba a orillas del río None, con un puente en obras. Parecía que solo estaba cerrado para los coches, así que lo crucé con cuidado. Desde el puente, se veían unas montañas cercanas y un agradable paseo a orillas del río… pero el mapa me dejaba claro que mi camino seguía en la dirección contraria. Me despedí de las vistas y volví a la carretera 55.
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| "Sampuru" de naturaleza. |
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| Río None. |
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| Con evitar los charcos, todo bien. |
Pasado el puerto, un pequeño cartel entre los hierbajos me recordó dónde estaba a punto de adentrarme: en Gorogoro-ishi (“piedras rodantes”), un tramo de 10 kilómetros de la carretera 55 sin ningún tipo de infraestructura ni camino alternativo para el peregrino. Comprobé que llevaba algo de agua también y me até el sugegasa a la cabeza… con ese sol, fue uno de los días que más agradecí haber comprado el sombrero de paja. Aunque en la guía este tramo es descrito como “aburrido”, a mí me encantó. A un lado, las playas de grandes rocas arrastradas por las olas; a otro lado, la exuberante vegetación. Y en medio yo, caminando tranquilamente por el suelo de asfalto, prácticamente solo.
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| Quien avisa... |
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| Gorogoro-ishi. |
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| Giros y giros de carretera, golpeada por las rocas y las olas. |
El sol seguía apretando, por lo que hice un alto en el camino para echarme crema. También fue la única vez que me quité la parte inferior del pantalón, al enterarme después que no está bien visto que los peregrinos vayan en pantalón corto. Mientras me calzaba de nuevo, observé una figura en la acera contraria… ¡Bruno-san! Con lo rápido que avanzaba ese hombre, pensaba que ya estaría en Muroto. Grité su nombre y se acercó sonriendo. Nos pusimos al día brevemente, pues íbamos a dormir en el mismo alojamiento, y le dejé continuar con su camino.
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| ¡Bruno-san! |
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| La única sombra en el camino. |
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| El ohenro y el mar. |
Los kilómetros fueron pasando en Gorogoro-ishi. Afortunadamente, en el cielo aparecieron varias nubes que me daban algo de descanso frente al sol. Sin pausa, pero sin prisa, seguí por la carretera 55, dejando atrás tanto a Bruno-san como a un chico alemán que descansaba en el arcén. Al acabar los 10 kilómetros, surgió un desvío a la derecha que tomé sin dudar. ¡Por fin algo de sombra! El camino serpenteaba a través de una pequeña aldea y de un cementerio, por donde una abuela paseaba con sus nietos. Me senté en un santuario unos minutos y disfruté del silencio, de los árboles y de la buena temperatura.
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| De paseo con la abuela. |
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| Por buen camino. |
Pocos minutos después entré en Sakihama, el último pueblo antes de llegar a Muroto. Era casi media mañana, así que me dirigí a un restaurante para comer: Mikado Teishoku. Se trataba básicamente del comedor de la casa de una señora majísima, que me recibió con una sonrisa. Antes de sentarme, ya me había regalado una mandarina. Pedí su plato estrella, omuraisu, y la recomendación del día, cerdo con verduras. También, como osettai, me preparó un té y un cuenco de bambú con tofu… todo impresionante.
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| Entrada a Mikado Teishoku. |
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| Como en casa. |
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| Presentación y sabor de diez. |
Con la tripa llena, le di las gracias efusivamente a la dueña y seguí mi camino. Fui al supermercado de Sakihama, donde compré la cena y el desayuno. Allí volví a ver al chico con el que me había cruzado en Gorogoro-ishi, que estaba intentando comunicarse con la dependienta con el traductor del móvil. Le ayudé un poco con el japonés y le di un poco de crema para el sol, ya que se estaba quemando y en la tienda no les quedaba nada. Al igual que Bruno-san, también se alojaba en el mismo sitio esta noche, así que me despedí de él hasta más tarde.
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| ¿El taller de algún cinéfilo? |
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| Keitora, camioneta ligera que abunda en el inaka. |
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| A faenar. |
En menos de una hora, llegué a Lodge Ozaki, un alojamiento pegado a la carretera 55. Me preocupé por el ruido de los coches por la noche, pero me olvidé rápidamente al entrar en mi habitación, con unas preciosas vistas del océano. Esta había sido la etapa más corta hasta entonces, pues eran las 13:30 y había terminado de andar. Me senté tranquilamente en la habitación, me serví un té y leí durante un par de horas. Entre medias, ayudé nuevamente a Bruno-san con sus siguientes alojamientos e hice de intérprete entre el chico alemán, llamado Marten, y la dueña.
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| No son rocas rodantes, sino surfistas. |
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| Descansar aquí, el mejor regalo tras la etapa. |
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| Vistas hipnóticas. |
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| Olor a salitre desde la terraza. |
Por la tarde, nubarrones negros encapotaron el cielo. Di un breve paseo hasta la playa Ozaki donde intenté darme un baño, pero fue una idea terrible: no había nada de arena, solo grandes guijarros que me destrozaron incluso dentro del agua. Magullado, observé a los surfistas y regresé al alojamiento cuando empezaron a caer las primeras gotas de lluvia.
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| Playa Ozaki. |
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| Sin perder el impulso. |
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| Volviendo al ruedo. |
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| Si no es posible bañarse... |
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| Mismo sitio, distinto lugar. |
Aunque en Lodge Ozaki había un ofuro, se me hizo tarde y el agua estaba fría cuando bajé, así que me conformé con una ducha. Cené karaage y unos fideos instantáneos con Marten. Me contó que era la segunda vez que hacía el Camino de Shikoku y que había notado una mayor afluencia, especialmente de extranjeros. Llevaba una libreta para reflexionar en sus ratos libres, pues tenía que tomar algunas decisiones para su futuro… como, por ejemplo, si hacer o no el doctorado. Al estar en una situación parecida, hablamos largo y tendido sobre ello. Tras la charla, subí a mi habitación a leer un poco más antes de dormir.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 27 de octubre de 2024.
- Etapa: Ikumi (KM 194) - Sakihama (KM 213).
- Distancia: 25,11km.
- Templos: --
- Alojamiento: Lodge Ozaki (reserva por teléfono).
Pues me ha parecido una etapa con paisajes preciosos!!!
ResponderEliminarY cuanta calma que transmites...
A mí también me lo pareció, una naturaleza quizás más salvaje que en otros tramos, pero que yo agradecí no saltarme. Eso sí, tuve la inmensa suerte de tener el tiempo a mí favor. No me quiero imaginar esa etapa en época de lluvias o bajo el verano japonés...
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