Recorriendo la zona, era fácil imaginar a Kobo Daishi realizando prácticas ascéticas en alguno de los lugares mas inaccesibles de Muroto, maravillándose de las vistas del cielo y del mar.
Disfruté de unos minutos del sonido de las olas desde el futón antes de levantarme. Compré un café caliente en la máquina expendedora frente al alojamiento y me despedí de la dueña antes de marchar. A los pocos minutos, me detuve a calentar y a disfrutar de un breve amanecer.
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| Carretera 55 frente a Lodge Ozaki. |
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| Ohayou gozaimasu. |
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| Violencia que calma. |
A dos kilómetros de Lodge Ozaki, en la frontera entre la ciudad de Muroto y la ciudad de Sakihama, se encuentra Meoto-Iwa: dos rocas atadas con una cuerda shimenawa, que representan en el sintoísmo la unión del hombre y la mujer. Al poco rato me topé con otro símbolo sintoísta perfectamente integrado en la naturaleza: un torii rojo frente al mar, quizás el santuario de algún grupo de pescadores.
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| Meoto-Iwa. |
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| Santuario frente al mar. |
De vez en cuando abandoné el camino principal para callejear por pequeñas aldeas, aunque sin dejar de oír el mar y siempre regresando a la carretera 55. El cielo nublado, lejos de asustarme, me permitió dejar atrás el calor del día anterior.
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| Nubes, sed bienvenidas. |
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| Sin perderme. |
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| Neblina marina. |
En el puerto de Mitsu, subí unas escaleras para seguir por un camino secundario, logrando evitar la carretera. Me extrañó que estuviera marcado como “azul” (dificultad moderada) en la aplicación, al ser prácticamente llano… pero lo entendí pasados varios kilómetros. Un chico joven, un peregrino llamado Sean, estaba parado en el camino, intentando decidir qué hacer. Y es que, el camino se interrumpía de repente, con una caída de unos 5-7 metros que no nos vimos capaces de superar.
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| Subiendo con cuidado. |
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| Inicio de la pasarela... |
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| ...y su continuación, con su final más cercano de lo esperado. |
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| Mi borrosa llegada, retratada por Sean. |
Lo más fácil hubiera sido dar media vuelta, pero… no. Primero, intentamos bordear el final del camino, aunque rápidamente nos dimos cuenta de que era un callejón sin salida. Después, encontramos una casa tras la cual creímos hallar un atajo, pero acabamos con rasguños de ramas y enredaderas… y Sean con picaduras. Finalmente, unos metros más atrás, logramos dar con un paso libre para volver a la carretera 55. Continuamos unos minutos juntos y, una vez pasada la interrupción anterior en el camino, me despedí de Sean y regresé al paseo junto al mar.
Cada vez estaba más cerca del cabo Muroto, donde me esperaba el primer templo de la peregrinación en la prefectura de Kochi. Antes de llegar, la ruta me invitó a visitar otros dos sitios relacionados con Kobo Daishi. Por un lado, el templo bangai Raieiji, con una imponente estatua de 21 metros de alto de Kukai, hecha de cerámica blanca. Por otro lado, un poco más adelante, la cueva Mikuro, donde se cree que Kukai vivió durante unos años y alcanzó la meditación.
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| Kobo Daishi, vigilante. |
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| Estatuas Nio protegiendo la entrada a Raieiji. |
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| Cueva Mikuro. |
Existen dudas de que fuera precisamente esa la cueva donde habitó Kukai, ya que hace 1200 años probablemente se encontrase sumergida bajo el agua. No obstante, recorriendo la zona, era fácil imaginar a Kobo Daishi realizando prácticas ascéticas en alguno de los lugares mas inaccesibles de Muroto, maravillándose de las vistas del cielo y del mar.
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| Muroto, donde se juntan cielo y mar. |
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| Recorrido siguiendo la orografía del cabo. |
Estos pensamientos me acompañaron hasta llegar a un aparcamiento en la costa. Desde allí, los letreros me guiaron entre los árboles, por una ruta de solo media hora, pero con bastante inclinación… algo que echaba de menos después de tantos días caminando por la costa. Ascendí rápidamente y falto de aliento, alcancé el Templo 24 (Hotsumisaki-ji).
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| No queda nada... |
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| Una de las muchas cuevas sagradas en el cabo de Muroto. |
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| Te echaba de menos, ruta de montaña. |
75 kilómetros, había superado la mayor distancia entre templos en la peregrinación. El Templo 24, además, es clasificado como uno de los más fascinantes, debido a su enclave privilegiado: en lo alto del cabo Muroto, en plena vegetación y asentado sobre multitud de cuevas frente al océano. En su interior, me crucé con Bruno-san, que ya estaba marchándose, y con Sean y Marten, que me invitaron a comer con ellos. Rechacé amablemente el plan, pues necesitaba estar solo, especialmente en el templo. Tras su marcha, realicé los ritos y me senté unos minutos sencillamente para admirar el lugar.
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| Ohenro frente al Sanmon. |
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| Recinto principal del Templo 24. |
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| Santuario exterior. |
El descenso se podía hacer por carretera, pero preferí bajar por la ruta de subida, y así retomar el camino junto al mar, donde se alternaban las pasarelas de madera y las travesías de piedra junto a las rocas donde rompían las olas sin parar. La estatua de un samurai emergió entre las plantas: Shintaro Nakaoka, uno de los héroes locales de Shikoku. Junto con Ryoma Sakamoto, de quien escucharía hablar más en la ciudad de Kochi, intentaron derrocar el régimen del shogunato Tokugawa.
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| Arena negra y espuma de mar. |
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| Shintaro Nakaoka, héroe local. |
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| Edificio de la cooperativa de Muroto, símbolo del auge y la crisis de la región. |
Solo cinco kilómetros separaban el Templo 24 del pueblo de Muroto. Antes de visitar otro templo, decidí buscar un sitio para comer: Naramachi Teishoku. En el pequeño restaurante solo había una mesa ocupada por tres clientes, posiblemente pescadores u obreros. Me senté en la mesa del fondo y pedí lo mismo que uno de ellos, oyakodon. Lo sirvieron acompañado de sopa miso, un cuenco de carne con bambú y, como osettai, una mandarina. Quizás fuera el cansancio o el hambre, pero me dio la sensación de que casi siempre acertaba con la comida durante la peregrinación…
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| Interior de Naramachi Teishoku. |
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| Rico, rico. |
Dentro del mismo pueblo estaba el Templo 25 (Shinsho-ji), dedicado a los pescadores. El templo presentaba una doble altura: en la planta baja el Daishido y la oficina de sellos, en la planta superior el Hondo. Ambos niveles conectados por una larga escalera de piedra, coronada con una campana escondida en una brillante puerta blanca, roja y verde.
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| Entrada al Templo 25. |
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| Cánticos ante el Daishido. |
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| Hacia el salón principal. |
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| Interior del Hondo. |
Me quedé de pie admirando dicha puerta, hasta que escuché mi nombre. Sean y otro chico holandés estaban sentados en un banco frente a la oficina de sellos. Mientras Sean nos daba a probar un poco de fruta deshidratada, el chico holandés me contó su experiencia en el Shikoku Henro: había empezado casi un mes atrás, pero debido a un accidente tuvo que descansar dos semanas en Tokushima. Me entraron sudores fríos al escucharle… yo que tenía todos los días cerrados, ¿qué haría si me encontrase en su situación? Me despedí de ellos e hice los ritos en el templo, rezando por evitar cualquier tipo de accidente.
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| Cangrejo feliz junto al templo. |
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| Unos vuelven a casa... |
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| ...otros siguen trabajando. |
Desde el templo, me dirigí a mi alojamiento, Family Lodge Hatagoya Muroto. Pertenecía a una cadena de hoteles y, aunque buscado con casi dos meses de antelación, no fui capaz de encontrar otro alojamiento en el pueblo. Se trataba de un hotel muy kawaii, con peluches y cuadros adorables por todas partes. La habitación, con dos camas gigantes, contaba también con baño privado, por lo que me preparé un ofuro para descansar los pies.
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| ¿Cómo pueden ser tan adorables? |
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| Parece que las habitaciones de hotel en Japón no siempre son minúsculas. |
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| Family Lodge Hatagoya Muroto. |
A las seis de la tarde, decidí salir a dar un paseo. Bueno, de la tarde… el sol se había escondido hace rato y ya llegaba la noche. Mi objetivo era comprar algo de cena y acabé cayendo en tres sitios distintos: en una pastelería que encontré de camino, en un supermercado en el que casi no quedaban bentos y en un Lawson, donde compré un plato de pasta carbonara. Al salir del combini, el cielo se había teñido de un color morado intenso.
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| Menos mal que me recomendaron qué elegir. |
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| Mobiliario urbano atemporal en Japón. |
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| Noche púrpura. |
Antes de regresar al hotel, pasé por el Templo 25, aunque solo estaba iluminada la puerta inferior. En el pueblo había escasa iluminación pública; de hecho, todas las personas que me crucé llevaban su propia linterna. Caminando en la oscuridad, volví a mi habitación, donde cené mi plato de pasta y un par de dulces de la pastelería, acompañados de un par de tazas de infusión cortesía del hotel.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 28 de octubre de 2024.
- Etapa: Sakihama (KM 213) - Muroto (KM 236)
- Distancia: 33,48km.
- Templos: T24-T25.
- Alojamiento: Family Lodge Hatagoya Muroto (reserva por página web).
Preciosos paisajes! El contraste del mar con la montaña... Que maravilla!
ResponderEliminarUn claro punto a favor del camino de Shikoku, la variedad de sus paisajes no te deja acostumbrarte ni aburrirte. Hay zonas así en toda la isla... ya me lo confirmarás tú en unos meses ;)
EliminarSí jeje aunque no lo veremos no viviremos tan intensamente como tu!!
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