No sé si para los visitantes fue curioso o gracioso ver a un peregrino tan perdido bajo la lluvia, pero para mí sí fue chocante el encontrarme con tantos turistas…Antes de las cinco de la mañana ya estaba en pie. Como de costumbre, desayuné una taza de té verde disponible en la habitación, acompañado del manjuu que me había regalado la dueña al acabar la cena. Tras recoger todo y calentar, comencé a andar, dejando atrás Kiraku.
 |
| Alguna farola, luces de cruce e invernaderos, las estrellas de esa noche. |
 |
| Ohenros deseándose suerte. |
La primera media hora todavía era de noche y, a pesar de llevar el frontal, fueron varias las veces que tuve que volver sobre mis pasos tras comprobar que no iba por buen camino. El cielo se fue iluminando poco a poco y, como para darme un poco de apoyo, apareció tras de mí el huésped con quien hablé la noche anterior. Volvimos a intercambiar palabras de ánimo, nos hicimos alguna foto y, tan rápido como surgió se marchó, pues en su caso tenía que acudir ese día a dos templos más que yo.
 |
| Carteles en cada posible desvío... |
 |
| ...y rincón, menos mal. |
Al salir el sol, el trayecto fue muy disfrutable. Después de una semana, me despedí del mar… y, sin ser consciente, de la carretera 55, que me había acompañado durante algunas de las etapas más solitarias de la peregrinación. Las olas y los coches ocasionales dieron paso a un sendero que discurría entre casas y plantaciones. Ya que no tenía prisa, y había madrugado bastante, me concedí tiempo para hacer fotos con calma de los paisajes, las aves y los vecinos que me fui cruzando.
 |
| Camino alternativo. |
 |
| Risas previas a las clases. |
 |
| Volando, volando. |
En una bifurcación, continué campo a través siguiendo un río, con algún santuario frente a él. Un letrero me indicó el camino hacia el primer templo de mi etapa, pero yo albergaba ciertas dudas. ¿Dónde estaba el templo? Solo veía campos de cultivos y un pequeño bosque a lo lejos. Me fui acercando al bosque, en cuya linde se agolpaban un puñado de edificios de una sola planta, todos ellos cerrados. El sendero quedaba rodeado por estos edificios hasta quedar totalmente cubierto por los árboles del bosque.
 |
| Por la ribera del río... |
 |
| ...y por el campo hasta el misterioso bosque. |
Así logré encontrar el Templo 29 (Kokubun-ji). Eran poco más de las ocho de la mañana y, tras la marcha de un par de feligreses, el complejo quedó vacío. Anduve lentamente entre los imponentes cedros que guardaban el lugar, hice los ritos y me dirigí a la oficina a conseguir el sello. Junto a la oficina, había una sala tradicional de té que abría a las nueve de la mañana… y, junto a ella, un termo para que los ohenros pudiéramos servirnos un vaso de té caliente. Se me iluminó la cara mientras me servía un poco y notaba cómo calentaba mis manos. Me senté en un banco frente al salón principal y leí en la guía sobre los templos de esa etapa. Entre sorbo y sorbo, al recordar dónde estaba, me detuve a escuchar los sonidos del templo… qué sensación de tranquilidad.
 |
| Sanmon del Templo 29. |
 |
| Acceso bajo la protección de los cedros. |
 |
| Salón principal, junto a la campana. |
 |
| Un pequeño detalle para los ohenros. |
Regresé al camino, donde me esperaban los cultivos y un par de aldeas antes de regresar a la carretera. Noté unas pocas gotas de lluvia caer y, al levantar la cabeza, las nubes grises confirmaron mis miedos… la canción de la noche anterior parecía no haber sido suficiente para despejar el cielo. Aumenté el ritmo para intentar llegar al segundo templo antes de que estallase la tormenta. Mis pensamientos fueron interrumpidos por un lugareño, que se acercó a saludarme. Al enterarse de que venía de España, me preguntó enseguida por el desastre ocurrido unos días antes en Valencia y me deseó mucha suerte en la peregrinación.
 |
| Hasta las 11 no abrían... |
 |
| ¿Cogería yo alguna bicicleta en la próxima ciudad? |
 |
| Caseta para ohenros, pero no para días de tormenta. |
La suave lluvia se detuvo momentáneamente a mi llegada al Templo 30 (Zenraku-ji). Por si acaso, realicé rápido los ritos y me dirigí a la oficina, donde además del sello me dieron unos caramelos. Quizás lo más destacado del propio recinto eran los carteles presentes en todos sus edificios con el dibujo estilo manga de una joven peregrina. ¿Una campaña de marketing para atraer a las generaciones jóvenes? Ciertamente, con los únicos peregrinos menores de 40 años que me había cruzado habían sido ohenros extranjeros…
 |
| Acceso al Templo 30, sin Sanmon. |
 |
| Daishido. |
 |
|
¿Ohenra-chan? |
 |
| Y unos caramelos como osettai. |
Mi temor a la tormenta no me impidió acercarme al santuario próximo al templo, pues según la guía de Dunskus era más impresionante… y así fue. El santuario contaba con varias construcciones que inmediatamente me trasladaron a un par de años atrás, cuando por primera vez cogí mi mochila para recorrer el Kumano Kodo. Me acerqué al edificio principal y, con uno de los amuletos de esa peregrinación en mano, recé de nuevo.
 |
| Salón en el que se estaba realizando un rito. |
 |
| Terrenos de Tosa Jinja, con seis santuarios en total. |
 |
| Desde uno de los salones, regresando por un momento a Wakayama. |
El Templo 30 era el último que tenía programado ese día, según el plan original. Sin embargo, la noche anterior había decidido añadir otro templo antes de concluir la jornada, para así poder dedicar más tiempo a visitar la siguiente ciudad. Consulté el tiempo en internet y, tras volver a mirar al cielo, me convencí de que seguramente la llovizna no sería para tanto.
Error. Las dos horas que me separaban hasta el siguiente templo fueron pasadas por agua. Las gotas agradables se transformaron en una lluvia bastante molesta, especialmente en la primera mitad del trayecto, al tratarse de una carretera sin ningún sitio en el que poder cobijarme al andar. En cuanto me fue posible, hui del camino de cemento a través de desvíos que, si bien incrementaron el tiempo andado, al menos gozaban de menores niveles de ruido.
 |
| Desbandada. |
 |
| Monocromatismo en un mar de grises. |
 |
| Río Kokubu. |
 |
| Siguiendo el camino de plantaciones amarillas. |
Uno de estos desvíos me llevó por un barrio residencial, donde las pocas personas que se atrevían a andar a la intemperie iban a un ritmo frenético. Sin embargo, una de ellas, al verme, se me acercó y me dedicó unas palabras de ánimo. La mujer sacó del bolsillo un par de monedas de 100 yenes y me las puso en la mano, indicándome que debía comprarme algo caliente para beber. En ese momento, calado hasta los huesos, esas dos monedas me parecieron el tesoro más preciado, y me deshice en agradecimientos y reverencias ante la mujer.
Proseguí hasta alcanzar la base de la colina Godaisan. Se trataba solo de una subida de 150 metros de altitud, pero las indicaciones fueron escasas y varios tramos eran en piedra, un material que me hubiera gustado evitar en un día lluvioso. Además, antes de alcanzar el templo, la subida atravesaba el jardín botánico Makino, donde tuve que tomar varios rodeos hasta encontrar el camino. No sé si para los visitantes fue curioso o gracioso ver a un peregrino tan perdido bajo la lluvia, pero para mí sí fue chocante el encontrarme con tantos turistas… me di cuenta de que esta ciudad debía de ser más famosa que Tokushima, donde había estado diez días atrás.
 |
| Las lápidas bordeaban distintos puntos de la subida. |
 |
| Mirador próximo al museo botánico. |
 |
| Camino de piedras: bonito y peligroso. |
El recibimiento en el Templo 31 (Chikunrin-ji) fue similar: lluvia y bastantes personas, algunas incluso en grupo. Hice los ritos rápido y no tardé en marcharme, no por la tormenta, sino por el exceso de ruido y gente. Hasta la mujer encargada de hacerme el sello lo dibujó con prisa, debido a la cantidad de clientes esperando. Fue una pena, porque me dio la impresión de que el recinto sí que era bonito, tanto por la pagoda como por el musgo verde propio de los días lluviosos, pero al estar localizado en la ciudad y no siendo primera hora…
 |
| Entrada al Templo 31. |
 |
| Salón dedicado a Kobo Daishi. |
 |
| Única pagoda de cinco pisos de la prefectura de Kōchi. |
Una vez visitado este último templo, llegó el momento de ir al centro de la ciudad. Miré en Maps y comprobé el tiempo que le quedaba al autobús más cercano. Bajé rápidamente por la carretera, convencido de que no iba a llegar a tiempo y que tendría que esperar más de una hora al siguiente autobús. Me detuve un momento a mirar con detenimiento el mapa hasta que encontré un sendero que atravesaba la carretera, yendo directamente hasta la base de la colina. Localicé dicho atajo en el lateral de la carretera y descendí todavía a mayor velocidad, con la adrenalina generada por el éxito de mi labor detectivesca. En un último esprint, crucé el puente del río Shimoda y llegué a la parada del autobús, con dos minutos de margen para recuperar el aliento.
 |
| Sin nadie a quién preguntar. |
 |
| Un último esfuerzo. |
 |
| Parada abarrotada. |
El autobús me llevó al centro de Kōchi, una de las cuatro grandes ciudades de Shikoku. Encadené el bus con un tranvía para llegar a Guest House LuLuLu, mi alojamiento durante las siguientes dos noches. El check-in no era hasta las 15:00 y el dueño no estaba, pero por suerte un par de clientes me dejaron pasar. Dejé mi mochila, me sequé y me cambié de ropa… menos mal que siempre protegía la ropa dentro de bolsas de plástico.
 |
| ¡Ya llega el tranvía! |
 |
| Unos bajan... |
 |
| ...otros suben. |
 |
| Guest House LuLuLu. |
Seguían cayendo gotas de agua, de modo que me pasé por el Family Mart más cercano para conseguir uno de los típicos paraguas transparentes. Mi estómago me recordó con un rugido que ya era la hora de comer y regresé con el tranvía al centro de Kōchi. Desde la ventana del vagón vi mi primer destino: el restaurante Sukiya, una cadena de comida rápida de Japón. Sin ser el lugar donde probar la mejor gastronomía nipona, era una cadena que solía frecuentar cuando vivía en Tokyo. Me senté en un rincón cerca de la ventana para ver el agua caer y consulté la carta desde la tablet disponible en cada mesa. Me decepcionó no encontrar el plato que tomaba siempre, gyūdon con ajito y chili, y seleccioné un plato de temporada que no llegó a estar a la altura. Quizás para compensar, sonó de fondo una versión jazz de una intro de Spy x Family, que consiguió que me supiera mejor la comida.
.jpg) |
| Sukiya, o lo amas o lo odias. |
 |
| Gyūdon, queso y tabasco, qué puede salir mal. |
Con el estómago lleno, comencé mi tarde de turismo por Kōchi. Cerca del Sukiya estaba una de las muchas estatuas de Anpanman –“el héroe de los niños”- que pueblan la ciudad, al ser el lugar de origen de su creador, Takashi Yanse. Enfrente de la estatua y rodeado de andamios encontré el puente Hariyama, ligado a una historia de amor prohibido del siglo XIX. Había leído que era la gran decepción de la ciudad, por lo que tampoco lamenté mucho encontrarlo en plena renovación.
 |
| Jamu Ojīsan y Anpanman. |
 |
| Puente Hariyama, escondido entre las vallas. |
El tiempo hizo que fuera propicio pasear por una shōtengai o calle comercial cubierta. Mi primera parada fue el Daiso, donde compré unos sobres para guardar las estampitas que me entregaban en cada templo. Entré en Donguri, la tienda de productos de Estudio Ghibli, y en otro comercio con un rincón dedicado a los Moomins, pero cada vez que veía algún producto que me podía interesar, recordaba que sería peso añadido a mi mochila. Donde sí compré fue en Mister Donuts, consiguiendo mi desayuno para el fin de semana. Como en muchos establecimientos en Japón, en esa cadena suele haber productos gentei, es decir, exclusivos de temporada, así que suele merecer la pena ir a ver las novedades.
 |
| Shōtengai, refugio perfecto contra la lluvia. |
 |
| ¿Qué habría como producto especial? |
 |
| No tenían ningún sello para mi libreta... |
 |
| Muchas cosas bonitas... y poco económicas. |
La shōtengai me llevó hasta mi principal objetivo en Kōchi: su castillo. En Japón se llegaron a construir miles de castillos, pero debido a los incendios y las guerras, de la mayoría solo se conservan simples ruinas o modernas reconstrucciones. Solo quedan doce castillos cuyas torres fuesen construidas originalmente antes de 1868, conocidos por ello como los “12 castillos originales del periodo Edo”. Yo había visitado antes dos de ellos (la “garza blanca” de Himeji y el “cuervo negro” de Matsumoto) y, como buen completista, tenía la intención de visitar los cuatro castillos originales de Shikoku. Aunque por horario ese día no pude acceder a la torre del castillo, sí que di una vuelta por sus terrenos, casi vacíos por la tormenta.
 |
| El castillo de Kōchi permite observar simultáneamente su puerta y torre originales. |
 |
| La gran fortificación de la antigua provincia de Tosa. |
 |
| Ohenro con castillo y paraguas, ohenro feliz. |
Para hacer tiempo hasta el anochecer, acudí al Centro de Turismo, donde disponían de un sello muy bonito para mi libreta, pero de poca información sobre los eventos del fin de semana en Kōchi. Paseé por los alrededores del castillo y entré en un centro cultural especializado en manga. Las chicas de recepción me atendieron bastante emocionadas, supuse que no muchos extranjeros debían acudir allí, y me enseñaron las instalaciones. En la tercera planta había una niña dibujando en una tablet y las encargadas me explicaron un poco sobre ello en japonés. En la biblioteca de la planta baja me entretuve buscando mis mangas favoritos, mientras me preguntaba si algún día retomaría el estudio del japonés como para llegar a leerlos.
 |
| En proceso. |
 |
| Si tuviera tiempo... y un mejor nivel de japonés... |
 |
| El inigualable maestro. |
Sobre las seis de la tarde ya era de noche. Se intuía algún tipo de luz en el castillo, una razón más que suficiente para acudir de nuevo, ya cayera agua o nieve. Incluso más vacío que una hora antes, el castillo de Kōchi estaba sumido en la oscuridad, a excepción de la torre, que parecía estar ardiendo debido a los tonos anaranjados de su iluminación. El agua recién caída reflejaba en las piedras del camino esta luz crepuscular, creando una atmósfera un tanto inquietante, perfecta para la aparición de algún yokai…
 |
| Al caer la noche, la torre es la protagonista... |
 |
| ...deshaciéndose bajo la lluvia... |
 |
| ...o consumiéndose ante los focos. |
Abandoné el castillo antes de cruzarme con algún ser sobrenatural. Fue entonces cuando me di cuenta de que la caja de cartón donde llevaba mis donuts estaba totalmente deshecha. ¿Habría sido algún kappa que se la habría intentado comer? ¿O quizás solo la lluvia que no había parado en toda la tarde? Cualquier opción era posible (aunque no igual de probable), pero en el establecimiento me cambiaron amablemente la caja sin ninguna queja.
Como fin de jornada, visité el mercado Hirome a pocos metros del castillo. El mercado contaba con mesas repartidas en cada recoveco, donde consumir la comida adquirida en sus puestos. Reservé el plato estrella para el día siguiente y pedí gyozas, takoyakis y un umeshu soda para acompañar. Compartí mesa con una familia de Hiroshima y una pareja de Osaka, con los que intercambié alguna anécdota en japonés, si bien la estrella de la cena fue la niña más pequeña, de solo un año, que no paraba de reír.
 |
| Entrada al mercado de Myojinmaru. |
 |
| Difícil elegir entre tantos puestos. |
 |
| Una de las áreas comunes para comer. |
 |
| Nada mal... pero se mejoraría al día siguiente. |
De vuelta a LuLuLu, me esperaba una sorpresa no muy agradable: tenía asignada una cama en una habitación compartida, a pesar de que en la foto de mi reserva se veía una habitación individual. Resulta que utilizaban esa foto para todas las reservas y, tras discutir un rato, llegué a la conclusión de que no tenía más opción que resignarme. Ese fin de semana era festivo y los alojamientos en Kōchi llevaban llenos desde hacía semanas.
 |
| Regresando a alojamiento, sin saber lo que me esperaba. |
 |
| Los contratiemos con dulcitos son más llevaderos. |
Subí a la habitación y, como me temía, eran cinco camas separadas por una leve cortina. Y para colmo, mientras mi ropa estaba en la secadora, una chica metió sus prendas junto a las mías sin preguntar, añadiendo más tiempo… Respiré y decidí quedarme con las buenas sensaciones del día y de Kōchi, mientras me tomaba de postre un té y un donut en forma de Digglet.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 1 de noviembre de 2024.
- Etapa: Konan (KM 308) - Kōchi (KM 329).
- Distancia: 35,74km.
- Templos: T29-T31.
- Alojamiento: GH LuLuLu (reserva por Booking, aunque no es un alojamiento que recomiende).
Comentarios
Publicar un comentario