En vez de dedicar un día entero a descansar, al final dividí una etapa en dos partes. Así, tendría tiempo más que suficiente para recorrer la ciudad de Kōchi, pero sin sentir que dejaba la peregrinación de lado.
En septiembre, cuando empecé a planificar la peregrinación, tenía clara una cosa: debía marcar mi propio ritmo. En internet leí todo tipo de experiencias, desde personas que la habían completado en seis semanas hasta peregrinos que la recorrían en el transcurso de años. Tomé como guía de referencia un esquema propuesto en la aplicación de Henro Helper, pero con algunas modificaciones. Una de ellas fue la inclusión de un par de yasumi no hi, o días de descanso, en las principales ciudades de Shikoku, que me servirían para recuperar un poco las fuerzas y como posible “margen” en caso de que sucediera algún incidente.
En mi llegada a Kōchi, alteré el plan original. Por un lado, el viernes ya había visitado un templo adicional. Por otro lado, en vez de dedicar un día entero a descansar, al final dividí una etapa en dos partes: la primera la realizaría el sábado por la mañana y la segunda el domingo por la tarde. Así, tendría tiempo más que suficiente para recorrer la ciudad de Kōchi, pero sin sentir que dejaba la peregrinación de lado.
Por eso, cuando los ronquidos de la cama de enfrente me despertaron antes de las cinco de la mañana, no trastocaron mi nueva planificación. Remoloneé unos minutos en la cama, sonriendo al pensar que al menos había dormido seis horas. Bajé a la sala común, desayuné uno de los donuts comprados la tarde anterior y salí por la puerta de atrás del hostel.
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| En pie para el primer Tosaden. |
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| Pase diario a la antigua usanza. |
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| Sábado por la mañana... ¿a la academia? |
Esperé, todavía de noche, en la parada del tranvía hasta la llegada del Tosaden. Compré el pase de un día, pues había echado cálculos y me compensaba, y me senté cerca del conductor. Por la ventana, pude observar como la oscuridad daba paso a una mañana nublada. ¿Sería el tiempo benévolo conmigo en mi breve etapa?
Me bajé en Monjudori, una de las calles por las que había pasado el día anterior en mi camino al Templo 31. Anduve por la calle donde se me había acercado la señora a darme dos monedas y recordé que tenía que pagarme una bebida caliente con ellas.
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| Qué cerca me parecían las montañas... |
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| ...incluso cuando jugaban a esconderse entre las nubes. |
Al alcanzar el estanque Zekkai, me desvié a la izquierda. Paralelo a la carretera, avancé con la vista fija en unas pequeñas montañas rodeadas de nubes. Me sorprendió gratamente el estar tan rápido a las afueras de la ciudad. Incluso, cuando callejeé por algunos barrios residenciales, pude guiarme sin problema gracias a varias señales para ohenros. En menos de hora y media llegué al estanque Ishitsuchi, muy próximo al único templo que tenía en mente visitar ese día.
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| Nadie por estas calles. |
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| Vas bien, ohenro, tranquilo. |
Fue entonces cuando cometí un gran fallo: fiarme de Maps. En la aplicación de Henro Helper, aparecía como trayecto recomendado una travesía por el monte, de dificultad media. Debido a la lluvia, tanto a la del día anterior como a las gotas que ya comenzaban a caer, quise evitar ese tramo, que probablemente estaría plagado de piedras resbaladizas como la subida al Templo 31. Consulté en Maps y me apareció otra ruta: únicamente debía seguir la carretera, un plan sin fisuras.
Eso hice y, al rato, tuve que atravesar un largo túnel. Al contar con arcén casi me alegré, pues me servía como refugio de la lluvia. El problema fue cuando el túnel no terminaba y el tiempo estimado de llegada sí se reducía… hasta que el trayecto acabó en mitad del túnel. Extrañado, pensé que era un problema de conexión y continué hasta llegar al otro extremo. Sin embargo, no había ningún templo ni señal, solo un cementerio que se extendía por el monte. Contrasté la información de Henro Helper y de Maps, y me di cuenta: Maps me había llevado hasta el templo, pero este se encontraba por encima del túnel.
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| ¿Camino seguro...? |
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| ¿...o camino alternativo? |
El cielo gris me recordó el aguacero que estaba a punto de caer y, al ver muchas escaleras en el cementerio, me arriesgué. Durante diez minutos, subí y subí escaleras, serpenteando entre tumbas, rezando por haber acertado en mi apuesta… y así fue. En la parte superior, tras los árboles, di con la carretera que sí se dirigía al templo.
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| Atajo desbloqueado. |
El Templo 32 (Zenjibu-ji) me recibió en su aparcamiento con una estatua de gran tamaño. Las estatuas jizō y los tanukis me acompañaron en mis rituales. El templo es mencionado en la guía de Dunskus como uno de los mejores lugares de descanso para los peregrinos debido a sus vistas a la bahía de Tosa: desde su parte superior, junto a los salones, se puede llegar a ver el cabo Muroto y las montañas cercanas al cabo Ashizuri. Habría sido perfecto para mi supuesto día de descanso, pero el tiempo no quiso permitirlo.
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| Salón principal del Templo 32. |
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| Tanuki-henro y estatuas jizō. |
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Mismo símbolo que el amuleto que me regaló Yuko-san.
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De hecho, la lluvia aumentó tanto que debí correr hacia la parte inferior del templo a recuperar mi mochila, donde la había dejado antes de empezar los ritos. Tras conseguir el sello, valoré mis opciones y volví a tomar el camino del cementerio, ya que seguramente estaría menos expuesto a posibles resbalones.
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| La borrosa bahía de Tosa. |
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| Más tanukis y jizōs, frente a la oficina de sellos. |
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| Poco antes del diluvio. |
Para esta media jornada ya solo me quedaba hora y media de trayecto. Al salir del largo túnel suspiré aliviado al comprobar que volvían a caer solo unas pocas gotas. En mitad del camino, compré una lata de café caliente con las dos monedas… me sentó genial el osettai de la señora. Ese sentimiento reconfortante me acompañó los últimos kilómetros hasta alcanzar mi siguiente objetivo: el puerto de Tanazeki. Desde ahí parte regularmente un ferry gratuito que une las dos penínsulas de la bahía de Urado. Entonces tuve mi segundo susto del día: el acceso al ferry estaba totalmente cerrado, con un cartel con varios caracteres en rojo. Asustado, pensé… ¿habría sido por el mal tiempo?
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| ¿Y si me hubiera tocado esperar en esa parada de bus unos minutos atrás? |
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| Puesto de takoyakis, de nombre "Pulpo!", maravilloso marketing. |
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| Kanjis en rojo, mal augurio. |
Rápidamente el traductor me devolvió a la realidad: únicamente advertía que estaría cerrado ante peligros por tsunami, que no era el caso. Esperé pacientemente en la caseta de al lado y, como un reloj, el ferry arribó a las 10:05 y partió a las 10:10, conmigo como único pasajero. El trayecto fue breve, poco más de cinco minutos, pero fue tiempo más que suficiente no solo para transportarme al siguiente puerto, sino también para viajar siglos atrás, mientras me imaginaba como habrían navegado por la bahía los ohenros de aquel entonces.
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| En mi ferry privado. |
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| Ohenro marinero. |
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| Desde el puerto. |
El ferry me dejó en el puerto de Nagahama, desde donde tenía la intención de coger el bus de regreso al centro de Kōchi. Sin embargo, al estar a las afueras de la ciudad, el transporte público tenía unos horarios muy escasos y debía esperar una hora. Como la lluvia volvía a coger fuerza, continué andando hasta encontrar un sitio donde refugiarme. Así encontré Kuroshio Coffee, una cafetería en la que el dueño me recibió con otro café y una rebanada de bizcocho de plátano. Me senté en una barra frente a la ventana y revisé la ruta del día siguiente, con el sonido de las gotas golpeando el cristal.
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| Barca de emergencias, usar solo en caso de diluvio extremo. |
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| Cuidando a los peregrinos. |
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| Kuroshio Coffee. |
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| Café con amor y bizcocho calentito. |
Al estudiar el mapa, me fijé en que el siguiente templo estaba a menos de diez minutos a pie… y para allá que fui. El Templo 33 (Sekkei-ji) es el tercero y último de los templos zen de la peregrinación. Al poco de traspasar las dos columnas de la entrada, las nubes rompieron a llover nuevamente y los tres feligreses que había en su interior se retiraron poco a poco. Agradecí que el templo contase con una zona de descanso cubierta en la que dejar las cosas. Realicé los ritos con cierta dificultad a la hora de encender las velas y me dirigí a la oficina a por la caligrafía.
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| Hondo del Templo 33. |
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| En cuanto rompió a llover, desapareció. |
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| Intentando encender las velas en el Daishido. |
Corrí a la parada del bus, a unos cinco minutos del templo. Caían chuzos de punta y a cada paso que daba sentía cómo se me encharcaban los pies, hasta que creí estar corriendo directamente sobre el agua. Afortunadamente, la tormenta no impidió que el autobús llegase puntual. De vuelta al alojamiento, me alegré de encontrarlo prácticamente vacío, por lo que pude darme una merecida ducha de agua caliente, cambiarme de ropa y tumbarme un poco… por fin empezaba el yasumi no hi.
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| El Tosaden, aportando color en un día gris. |
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| De la mangaka Rieko Saibara. |
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| Descanso en la shōtengai. |
Sobre las dos de la tarde, cuando amainó el temporal, regresé al mercado Hirome, pero esta vez a por el plato estrella: el tataki de atún del Myojinmaru. En este puesto se puede ver cómo brasean el atún cada pocos minutos y además contaban con un menú con tempura, espectacular todo. Y de postre, compré en otro local un helado de mikusu de matcha y vainilla… éxito total.
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| Menudo olor, se me hacía la boca agua. |
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| Itadakimasu. |
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| Con un poco de matcha espolvoreado, ojo al detalle. |
El helado combinaba bien con el cambio de tiempo, ya que al salir del mercado me encontré con un cielo azul claro, con algún nubarrón esporádico. Una de las principales razones para modificar la planificación en mi estancia en Kōchi había sido la predicción de lluvias solo para el sábado por la mañana, pero no me había imaginado que el tiempo iba a ser tan bueno por la tarde.
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| Torre del reloj de la escuela secundaria Kōchi Ōtemae. |
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| Parque cercano al castillo. |
Feliz, anduve hasta el castillo de Kōchi, pudiendo pasear esta vez por sus terrenos sin necesidad de abrir el paraguas. Se me acercó una voluntaria en inglés, que me informó sobre los datos básicos del monumento. Le pregunté si existía algún cuaderno destinado exclusivamente a los 12 castillos de Edo… pero no hubo suerte.
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| Puerta y torre principales. |
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| Preparando arcos y ballestas. |
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| Sin palabras, impresionante. |
Le di las gracias y accedí a la torre principal. No era el primer castillo japonés que visitaba, así que sabía lo que me iba a encontrar: salas vacías, quizás algunas vitrinas con piezas expuestas y poco más. Quizás por ello me sorprendieron tanto las vistas desde la parte superior, especialmente durante el atardecer.
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| Recorrido exterior en la parte alta de la torre. |
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| El castillo, una pequeña masa de edificios y las montañas bañadas por el atardecer. |
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| ¿Ventana o lienzo? |
Con el gojōin, la caligrafía del castillo, en mi poder, ya pude respirar tranquilo… solo tenía que conseguir las de los demás, pero poco a poco. La luz fue desapareciendo mientras vagabundeaba por Kōchi en la búsqueda del héroe de los niños, Anpanman: una estatua más en un parque, la decoración de la estación de la ciudad, algunos vagones del tranvía… Cerca de la estación todavía quedaban algunos restos de una celebración que tenía lugar a lo largo de todo el fin de semana, a la que yo esperaba acudir el día siguiente.
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| Como si fuera de oro. |
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| El equipo "tamago" al rescate. |
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| ¿Qué ocurrirá aquí el domingo? |
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| Los samurais Sakamoto Ryōma, Takechi Hanpeita y Nakaoka Shintarō. |
Tras comprar protector solar en una farmacia y hablar con mi familia, decidí exprimir un poco más el pase diario del Tosaden y salí del casco urbano. Era de noche, por lo que fue incluso más fácil encontrar lo que estaba buscando, solo tenía que buscar una luz naranja… la luz del cartel del Book Off. Es una cadena de venta de productos de segunda mano, donde se pueden encontrar muchos mangas y figuras. Curioseé todos los pasillos y, aunque había ofertas realmente interesantes (¡ay!, diez tomos de Detective Conan por 12 euros), la falta de espacio me impidió llevarme nada.
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| Book Off, con mejores ofertas cuando te alejas de las ciudades. |
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| En fin... ya acabaré cayendo. |
Reventado, llegué al hostel. Me calenté un cacao para cenar, acompañado del último donut y de unos dulces de Halloween. Para ser mi día de descanso, tenía la sensación de no haber parado en ningún momento…
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 2 de noviembre de 2024.
- Etapa: Kōchi (KM 329-KM 342).
- Distancia: 23,49km.
- Templos: T32-T33.
- Alojamiento: GH LuLuLu (reserva por Booking, aunque no es un alojamiento que recomiende).
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