La anciana permaneció quieta en el camino, mirando los árboles, y después se acercó a abrazarlos y a sentirlos con su espalda.
Mi compañero de litera me deleitó toda la noche con toses, movimientos de bolsas, ronquidos… Suspiré y recordé que, si todo iba bien, esa noche por fin volvería a dormir tranquilo en una habitación individual. Recogí mis cosas intentando molestar lo menos posible al resto de peregrinos, desayuné los mochis comprados en el mercado e hice los ejercicios de calentamiento en la puerta del hostel.
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| ¿Amanecer o atardecer? |
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| Río Niyodo. |
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| Risas nada más despertar. |
Empecé la etapa pasadas las cinco y media de la mañana, encontrándome las calles igual que las había dejado el día anterior: a oscuras. El trayecto me llevó paralelo a una carretera bastante transitada a esas horas, por lo que en cuanto pude tomé un desvío paralelo a un río. Encontré varios carteles indicando que el camino al siguiente templo no era por ahí, pero me dio igual, yo estaba justo donde quería.
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| Ahora sí, buenos días. |
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| Desbloqueando lugares al evitar la carretera. |
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| Conexión indescriptible. |
Disfruté tranquilamente del amanecer en la ribera del río y, para mi sorpresa, me encontré con tres señoras que habían madrugado para dar su paseo matutino. Me saludaron alegremente, conversamos y me desearon suerte con la peregrinación. Seguí el sendero, entreteniéndome con los pájaros que iban y venían. A lo lejos, unos árboles gigantes captaron mi atención. Estos tenían varios altares ante ellos y estaban rodeados por una cuerda shimenawa, por lo que debía tratarse de un santuario sintoísta. Me crucé con una obaasan, que me saludó tímidamente y se dirigió a estos seres centenarios. Me detuve a observar: la anciana permaneció quieta en el camino, mirando los árboles, y después se acercó a abrazarlos y a sentirlos con su espalda. Hizo un gesto de agradecimiento y regresó al camino, con paso lento, dando por finalizada su oración.
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| En bici en familia. |
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| Santuario en el camino con aspecto algo descuidado... |
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| ...pero muy bien protegido. |
Dejé la ribera del río y, pasado un pequeño pueblo, solo me quedaba una subida hasta alcanzar el templo. Ese ascenso se conoce como Hachosaka y cada uno de sus ocho tramos estaba indicado con una piedra. Con poco menos de un kilómetro, pero un desnivel del 13%, los terrenos del templo me ofrecieron unas despejadas vistas de Tosa.
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| Piedra de tramo del Hachosaka. |
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| Sanmon del Templo 35. |
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| Vistas de la región de Tosa. |
El Templo 35 (Kiyotaki-ji) destaca por la gran estatua frente a sus edificios principales, que da la bienvenida a los peregrinos al recinto sagrado. Además, cuenta con un estanque que, según la leyenda, recibe su agua de un pozo construido por el propio Kukai. Como llegué media hora antes de la apertura de la oficina de sellos, paseé tranquilamente por los edificios y me senté a leer sobre el templo.
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| Salones del templo. |
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| Interior del Hondo. |
Fue entonces cuando vi los mensajes. Mi abuela, que llevaba tiempo con problemas de salud, estaba nuevamente ingresada. Aunque no sabía todavía la gravedad de su situación y no era la primera vez que tenían que llevarla al hospital, me fue imposible pensar en otra cosa el resto del día. Realicé los ritos rezando por ella, fui a por el sello y me despedí del chico francés con quien había cenado la noche anterior, que acababa de llegar.
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| Descansando en el pueblo. |
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| Imposible no acordarme de ti y de tu andador... |
Todavía me quedaban varias horas hasta alcanzar el pueblo de Usa, donde me alojaba esa noche. En la primera parte, tras descender desde el templo, atravesé una zona urbana, con escasa actividad comercial. No tardé en escaparme a las afueras, donde el buen tiempo intentó animarme con algunos paisajes verdaderamente idílicos.
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| Las nubes se adueñan del río. |
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| Solo con su reflejo. |
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| Cielo roto, ramas vacías. |
Caminé varios kilómetros por la carretera, hasta toparme con una bifurcación. Por un lado, podía seguir atravesando un largo túnel que me ahorraría un ascenso de 170 metros; por otro lado, el camino de montaña sería sin duda más bonito y tranquilo. Estuve a punto de elegir la primera opción, pues me daba miedo no tener cobertura en la montaña y perderme algún mensaje de mi familia, pero tenía la cabeza demasiado cargada como para soportar el ruido de los coches durante casi un kilómetro de túnel.
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| Siguiendo a anteriores ohenros. |
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| Indicaciones con postes y linternas de piedra. |
En mitad del ascenso, recibí una llamada de teléfono de mi madre. El estado de salud de mi abuela era grave, peor que en ocasiones anteriores. Sentí que debía estar ahí con ella, y que quería estar con mi familia, por lo que consideré dar media vuelta hasta Kochi y coger un vuelo a España. Sin embargo, mi madre me tranquilizó: todavía no se sabía lo que iba a ocurrir y, ocurriese lo que ocurriese, yo no podía hacer nada por ella. Además, incluso en la otra punta del mundo, para mi familia yo estaba a su lado.
La conversación me dejó lleno de tristeza, impotencia y rabia. Tras desahogarme, continué con el ascenso y en el mirador me senté a respirar. La siguiente hora creo que sencillamente bajé la montaña en modo automático, con cuidado de no resbalar en algunos puntos, pero con la mente en otro sitio.
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| Respira. |
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| Señales para recordar dónde estoy. |
En torno al mediodía llegué a Usa, un pueblo que me recibió con sus calles prácticamente desiertas. Recordé que ese día era festivo en Japón (Bunka no hi, el día de la cultura), pues esa había sido una de las razones por las que había organizado una estancia más larga en Kochi. Había guardado un restaurante entre mis notas y me acerqué con pocas esperanzas de que estuviera abierto. Abrí la puerta y me recibió, en lo que debía ser la planta baja de su casa, una obaasan. Le pregunté si era posible comer algo y me respondió afirmativamente con una sonrisa. El menú era muy sencillo: dos paquetes de ramen instantáneo con salsa de soja y huevo frito, por 500 yenes. Sentado en un pasillo, observé cómo la anciana cocinaba mientras saludaba a los vecinos que venían, le pedían algunos paquetes de comida y le daban algo de cháchara. Esta escena tan cotidiana, junto con la comida sencilla, me calmó un poco.
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| Como un invitado más que como un cliente. |
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| Obaasan en la cocina. |
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| Itadakimasu. |
Tras el restaurante, acudí a mi alojamiento de esa noche: Hostel John. La puerta de acceso estaba cerrada, pero siguiendo las instrucciones de la dueña dejé la mochila en una caseta en el jardín. Preparé la bolsa blanca de peregrino con los elementos indispensables y reanudé mi camino, pues todavía debía visitar un templo adicional ese día.
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| Cuervos, cuervos. |
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| Puente Usao. |
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| Casi apetecía un baño. |
Ese templo se encontraba en Usacho Inoshiri, una zona separada del pueblo de Usa por la masa de agua que une las bahías de Usa y de Uranouchi. Hasta los años 70 era necesario recurrir a un ferry para alcanzar el otro lado, aunque hoy en día basta con recorrer el puente Usao. Crucé dicho puente, con un espacio escaso para los peatones y opté por tomar la ruta de montaña, atravesando primeramente un pueblo de pescadores. Después de dos kilómetros, llegué a la parte superior de la isla, donde unos ruidos captaron mi atención y, como siempre, decidí encontrar su origen. En esta ocasión debía ser el club deportivo de un instituto, que estaba en mitad de un partido de tenis. Aunque quizás lo más curioso fue que contaba con su propio jardín japonés, muy bien mantenido.
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| Entre tumbas y barcos, la ruta del ohenro. |
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| Instituto Meitoku Gijuku. |
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| Otro deporte para mi colección. |
El Templo 36 (Shoryu-ji) está dedicado a los pescadores y cuenta con dos alturas. En la parte inferior, un estanque y una pagoda de un rojo brillante, además de algunos edificios de gestión, como la oficina de sellos. En la parte superior, coronando una larga escalinata, se encontraba una preciosa área rodeada de árboles con el Hondo y el Daishido. Realicé los ritos, rezando por mi abuela, y descendí para conseguir mi sello.
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| Sanmon y estatua de Kukai. |
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| Pagoda en el lateral izquierdo. |
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| Ohenro subiendo hasta los salones. |
Frente a la oficina me encontré a dos peregrinos que evidentemente llamaron mi atención: Marten, el chico alemán con quien me alojé en Muroto, y un perro vestido de ohenro que realizaba el camino junto con su dueño. Marten y yo compartimos nuestras experiencias en Kochi. Él se quedaba en un ryokan cercano al Templo 36, pues ya no quedaban alojamientos libres en Usa. Era el mismo ryokan que yo había mirado para probar su onsen, pero que finalmente había descartado al no estar de ánimo.
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| Curtiendo las rodillas. |
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| Ritos ante el Daishido. |
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| ¿Perrigrino? ¿Ohenrinu? |
Me despedí de Marten y descendí el camino de regreso a Usa, esta vez por la carretera, pudiendo disfrutar de las vistas de la playa y del mar. El sol fue desapareciendo mientras llegaba a Hostel John. Avisé a la dueña de que ya me encontraba en el jardín del alojamiento, e hice algunos estiramientos mientras ella llegaba.
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| De pesca. |
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| Juntos por la playa. |
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| Hostel John. |
Mari, la dueña, no tardó en llegar. Tenía muchas ganas de hablar, probablemente más que yo, pero así me volví a distraer un rato. Gracias a su inglés, pudimos confirmar la reserva de algunos de mis siguientes alojamientos. Además, me prestó una bicicleta para poder acercarme al centro del pueblo. En su página ya indicaban que podías utilizarlas incluso para visitar el Templo 36, pero acabé desechando esa idea pues sentía que no comulgaba con mi visión de la peregrinación a pie.
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| Por fin habitación individual. |
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| Mapa de Shikoku en español pegado en la pared. |
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| Buen sitio para cenar, pero dos son multitud. |
Antes de que fuera totalmente de noche, acudí al mercado para comprar algo de cena. El paseo en bici, aunque breve, me descargó la mente. Hice una colada, me di una ducha y decidí cenar en la habitación, ya que me encontré una araña de buen tamaño en la cocina que no fui capaz de atrapar… qué bien sabe el cerebro crear distracciones. Acabada la cena, preparé todo para el día siguiente y me fui a dormir. Por fin, tras varias noches compartiendo habitación, tenía un espacio solo para mí, aunque solo podía pensar en recibir buenas noticias al despertarme.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 4 de noviembre de 2024.
- Etapa: Kochi (KM 352) - Usa (KM 376).
- Distancia: 31,07km.
- Templos: T35-T36.
- Alojamiento: Hostel John (reserva por su página web).
Ais, que mal lo debiste pasar... Pero seguro que tu abuela sabía que estabas con ella, en tus pensamientos y tu corazón.
ResponderEliminarAún así, es un mal rato para el que está lejos y solo.
Me quedo con el corazón encogido, esperando tu próximo relato.
Un abrazo!
P.d: menos mal que esa noche tenías habitación privada...