Al igual que había hecho a lo largo del día con el cansancio, el calor, la monotonía y las preocupaciones, decidí respirar y decir para mis adentros que, fuera como fuese, no podía evitarlo.
La llegada de mi amistoso vecino, un salaryman, fue el gran evento de la noche. Concilié el sueño de nuevo tras su escandalosa entrada, pero acabé despertándome por sus ronquidos. Se había dejado incluso la luz encendida, por lo que me levanté a apagarla y volví a mi colchón, ya desvelado. Dando vueltas, llegué a la conclusión de que tenía que evitar en la medida de lo posible los alojamientos compartidos, por lo que modifiqué en ese mismo momento un par de ellos. Conseguí dormir unas pocas horas, interrumpidas por el anciano que me había cruzado un par de veces el día anterior…. y es que descubrí a las seis de la mañana que este ohenro tenía la costumbre de desayunar con la televisión a todo volumen.
Me puse los auriculares para evitar cualquier interacción al estar tan irascible, desayuné rápido y me marché de Hana Myouzai. Me alejé de la casa unos metros y disfruté del silencio… poco a poco, fui encontrando paz en el camino. Antes de salir del pueblo, logré atrapar un bonito amanecer entre las ramas. Al borde del río se alineaban árboles sin hojas, cubiertos únicamente por musgo, y por alguna razón me recordaron a la sierra de Madrid, haciéndome sentir más cerca de casa.
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| Un nuevo amanecer. |
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| Imagen que se respira. |
Sin embargo, la naturaleza rápidamente dejó esta quietud, surgiendo plantas por doquier que lograban conquistar los bordes de la carretera. A pesar de que no podía verlo debido a la frondosa vegetación, sabía que a mi izquierda continuaba su curso un río gracias a su murmullo. Y este sonido me acompañó durante varios kilómetros, por lo que agradecí encontrar en el desvío una zona de descanso con baño.
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| Pequeña parada técnica. |
Esta ruta de montaña consistía, evidentemente, en una subida con una pendiente bastante elevada. Uno de los tramos incluyó un cruce lateral donde el terreno se deslizaba peligrosamente hacia abajo… la dosis justa de aventura que necesitaba para acabar de despertarme. La última parte fue una larga sucesión de escaleras que, como recompensa, me permitió cruzar el paso de Nanako y disfrutar de unas bonitas vistas mientras tomaba unos frutos secos.
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| Camino estrecho, pero sin pérdida. |
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| No los conté, pero mis rodillas sintieron cada uno de los escalones. |
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| Canon de árboles. |
Antes de retomar el camino, creí sentir una zona desgastada en una de las zapatillas. Tuve que sentarme nuevamente, descalzarme y revisar cada centímetro para no estar preocupado todo el día. Por suerte todo parecía estar bien… no quería tener que buscar y estrenar un calzado nuevo que pudiera destrozarme los pies, quedando todavía más de la mitad de la peregrinación. Mis miedos, que probablemente surgieron por la falta de sueño, se disiparon al continuar con la etapa entre cultivos y bajo un fuerte sol. Con cada gota de sudor que caía por mi frente me alegré de contar con un sombrero de paja.
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| Quienes tendrían de verdad derecho a quejarse del calor. |
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| Ohenro bajo el sol. |
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| Colores rojizos que empiezan a surgir. |
En el pueblo de Kageno me recibieron con los brazos abiertos algunos de sus inertes habitantes. Pese a que no pude encontrar ningún sello en su estación, fue entretenido vagar entre las vías para acercarme a saludar a los simpáticos muñecos, similares a aquellos con los que me había cruzado en la prefectura de Tokushima.
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| Bienvenido a Kageno. |
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| Como un tren. |
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| Ánimo, compañero. |
La etapa continuó a lo largo de la carretera 56. No contó con ningún desnivel, pero sí fue extenuante debido al sol y al cansancio acumulado. Para evitar la monotonía (y a otro par de peregrinas) opté por algunos desvíos, incluyendo una breve visita a una estación de tren oculta entre los árboles. Cada vez que estoy en una de estas paradas, cuyos raíles son recorridos quizás una vez cada dos o tres horas, me gusta imaginar cómo son las personas que esperan ahí diariamente. A los diez minutos, llegó el tren, le hice una señal al conductor para indicarle que no iba a subir, y ambos seguimos nuestros caminos.
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| Carretera 56, desde Kochi hasta Matsuyama. |
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| Muñecos que dan vida a las zonas rurales. |
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| ¿Quién espera aquí cada día? |
Mi estómago me recordó que la hora de comer ya había llegado, por lo que hice una parada en un restaurante de carretera, Yuuingu. Dejé mis cosas en una mesa apartada, incluyendo el calzado, y analicé minuciosamente cada una de las opciones fielmente representadas con fotografías. La victoria fue para un domburi con tres tipos de carne de cerdo procedente de esa misma región. Una delicia, aunque ligeramente eclipsada por los vasos de agua fría y el helado mikusu de postre.
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| Uhm, decisiones... |
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| Domburi con carne de cerdo de Shimanto. |
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| Simple y perfecto. |
Tras este almuerzo relajado, solo me quedaba media hora hasta mi alojamiento, Sou Hostel, en el pueblo de Shimanto. Era demasiado pronto para poder quedarme allí, pero igualmente me acerqué para ver si estaba abierto. Llamé a la puerta un par de veces y me recibió el dueño, cuya cara somnolienta me hizo pensar que probablemente le había despertado de la siesta. Si bien me recordó que todavía no era posible acceder a las habitaciones, al menos me permitió dejar mi mochila.
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| Restaurante Yuuingu. |
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| Pequeño santuario a la entrada de Shimanto. |
Como tenía que hacer tiempo, recorrí la calle principal del pueblo. En las estaciones de autobús y de tren conseguí un par de sellos para mi libreta. Di una vuelta por esta última y, mientras observaba el ir y venir de los trenes, un grupo de chavales de instituto pasó corriendo entre risas, alcanzando el tren en el último segundo. Justo al lado estaba la oficina de gobierno de Shimanto, un lugar muy amplio y silencioso, donde no tenían ni información turística ni sellos que ofrecerme. Yendo hacia el templo localicé la oficina de turismo, pero me informaron de que los eventos interesantes tenían lugar en el fin de semana.
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| Estación de Kubokawa. |
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| Quien quiera subir, es el momento. |
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| Pasillo de la oficina gubernamental. |
Para mi sorpresa, la misma tranquilidad que reinaba en el pueblo me recibió en el Templo 37 (Iwamoto-ji). Una de las características principales del templo es que es de los pocos que todavía ofrece alojamiento, por lo que esperaba encontrar a bastantes ohenros en sus instalaciones. Sin embargo, salvo una pareja que se marchó al poco de mi llegada, no parecía haber nadie más allí. La otra particularidad del templo son sus colores y mensajes de paz, estando decorado con cientos de imágenes donde es posible encontrar no solo a Kobo Daishi, sino también a algunos iconos de la cultura pop.
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| Ohenros rezando en el Hondo. |
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| Detalles del techo del salón principal. |
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| Kukai, amor y paz. |
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| El templo más "artístico" de la peregrinación. |
Hice los ritos y abandoné el templo, pensativo. Había decidido no alojarme allí al haber reservado otro templo más adelante en la peregrinación, aunque me quedé intrigado por saber cómo sería la meditación en un espacio con una estética tan bohemia… Antes de regresar al alojamiento di otra vuelta por el pueblo, aunque en sus calles vacías se seguía notando que era un día entre semana.
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| Estatua de Tateki frente a la cafetería Hanpei. |
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| Más comercios del pueblo de Shimanto. |
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| In fraganti. |
Recogí mi mochila de la recepción y el dueño me mostró la habitación, con capacidad para seis personas. No obstante, mientras preparaba mis cosas, me di cuenta de que varias camas estaban sin hacer, alguna incluso parecía estar siendo utilizada como almacenaje por el dueño. ¿Quizás no seríamos tantas personas esa noche? Al igual que había hecho a lo largo del día con el cansancio, el calor, la monotonía y las preocupaciones sobre mi calzado o los pinchazos en mis piernas, decidí respirar y decir para mis adentros shouganai, es decir… que, fuera como fuese, no podía evitarlo.
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| Llevando la bici andando para poder ir juntos. |
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| Últimos clientes del día. |
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| Y, con todo, un nuevo anochecer. |
Por la tarde estudié un par de horas y cambié otros dos alojamientos por habitaciones privadas. Estaba tan cansado que para cenar quería desplazarme lo mínimo posible, por lo que compré unas piezas de tempura en un puesto cercano al hostel y un poco de arroz en un supermercado. Me subí pronto a mi litera, corrí la cortina y apenas leí un par de páginas antes de quedarme dormido.
¡Hasta la próxima!
また!
INFORMACIÓN
- Fecha: 6 de noviembre de 2024.
- Etapa: Tosa Kure (KM 410) - Shimanto-cho (KM 430).
- Distancia: 26,37km.
- Templos: T37.
- Alojamiento: Sou Hostel (reserva por teléfono).
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