Y vuelta: Nojima House

Preparé de nuevo mi ropa de ohenro, como había hecho cada mañana durante la peregrinación, y me quedé mirándola, emocionado por volver al camino aunque fuera por un segundo.

Han pasado casi dos años desde que llegué a Osaka, tomé un autobús y empecé el Shikoku Henro. Posteriormente, regresé a España, conseguí financiación para el doctorado, me mudé, me casé... Muchos cambios durante los cuales he intentado escribir en este blog sobre mis aventuras en la peregrinación. No ha sido constante, a veces la pereza es una traba en el camino, pero siempre acabo agradeciendo haber podido organizar esas historias por escrito y trasladarme de nuevo a aquellos meses de 2024.

Dudo que el ritmo de publicación vaya a mejorar en el medio plazo, lo que me lleva a interrumpir momentáneamente la cronología de la historia. Escribo estas líneas desde Shikoku y creo que merece la pena plasmar aquí los recuerdos de estos días ahora que acaban de suceder, y no dentro de varios años a partir de mis notas.

Como toda buena historia sobre Shikoku, empieza en Osaka, donde estaré durante los próximos meses gracias a una beca de investigación. Tras un par de reuniones en Tokyo, envié mis maletas y viajé a solas con mi inseparable mochila en shinkansen hasta la zona de Kansai. Solo estuve un día en Osaka, pero, teniendo medio año por delante, no me preocupó, así que hice vida normal: comprar el desayuno en Pablo, paseo en bici hasta el castillo, visita a algunas tiendas... y cortarme el pelo, por supuesto.

El vigilante cerca de mi hotel.

Pastelito ante el Santuario Yasaka Namba.

Tranquilidad en el castillo de Osaka antes de las ocho de la mañana.

Desde allí, otro tren a Kobe, donde mi sensei me había invitado a una conferencia sobre la seguridad en el Indo-Pacífico, un tema muy relacionado con mi tesis. Dejé mi mochila en las taquillas de la estación y degusté un par de platos en Chinatown antes de la conferencia, donde le entregué al sensei una botella de vino como temiyage, un pequeño regalo de agradecimiento. La conferencia fue muy interesante, especialmente cuando hablaban en inglés y podía entenderles, y un poco antes de que concluyese me escabullí para poder llegar a tiempo a la estación.

Liga (no tan) Juvenil de Detectives.

Reto, no mancharme la camisa.

Coleccionando meishis.

Con tres días por delante antes de tener que volver a Osaka, mi itinerario estaba muy ajustado. Además, el dueño del primer alojamiento me había pedido que llegase un poco antes, ya que iban a organizar una cena de temática española e iraní. Mi mente intentaba imaginar cómo sería una cena así mientras corría a la estación y recuperaba mi mochila, antes de entrar en el primero de los tres trenes necesarios para llegar a mi destino. 

De Kobe a Okayama.

De Okayama a Kawanoe.

De Kawanoe a Iyo-Komatsu.

Aproveché que en los dos primeros trenes había enchufe para continuar en mi portátil la publicación que tenía redactada a medias, sobre Ashizuri. Antes de escribir sobre este pequeño viaje quería dejar esa jornada terminada. Al subir al segundo tren y ver el cartel de JR-Shikoku, fui consciente de que iba a volver a la isla que recorrí durante casi dos meses. Dejé las cosas en mi asiento y me quedé embobado ante la lista de estaciones por las que pasaría el tren: Magome, Niihama, Imabari, Matsuyama... De golpe, recordé numerosas anécdotas que todavía no he compartido en el blog: la emoción al ver las montañas nevadas, el miedo al creer que me había quedado sin mochila, el cariño al compartir mis vistas con mi familia... Cambié de tren en Kawanoe, desde donde se veía iluminado el castillo al que había pensado subir, pero mis piernas decidieron conformarse con verlo solo desde abajo. 

¡Tenemos que volver!

El tren local me dejó en la estación de Iyo-Komatsu, en Ehime, a las nueve de la noche. En el andén estaba esperándome Taniguchi-san, el dueño de Nojima House. Cuando hice la peregrinación en 2024, veía su nombre frecuentemente en los grupos de ohenros de Facebook, pero descarté su alojamiento al no resultarme conveniente si quería visitar los templos en orden. Sin embargo, nuestros caminos se acabaron cruzando: primero en el Templo 60, donde había llevado a dos huéspedes en coche debido a la lluvia, y de nuevo en el Templo 61, donde nos mostró su interior. Por eso, cuando me planteé mi breve viaje a Shikoku por la zona, contacté directamente con él para pedirle consejo. Nojima House fue la casa de su tío y ahora Taniguchi-san la ofrece a los ohenros a cambio de una donación. Además, siempre está dispuesto a ayudar a los peregrinos en todo lo que necesiten.

En coche hasta Nojima House.

Ahora Madrid también está marcado en el mapa.

Salón, lugar de reunión de los huéspedes.

Aunque el alojamiento estaba a diez minutos de la estación, Taniguchi-san insistió en ir a buscarme en coche. Hablamos sobre la otra vez que nos vimos y me informó sobre los otros huéspedes alojados en Nojima House esa noche. Al llegar, me mostró mi habitación en el segundo piso y, rápidamente, puso la mesa con Morry-san, quien se había encargado de la mitad de la cena. Les pedí perdón por llegar a esas horas, pero le quitaron importancia y me invitaron a cenar de inmediato. Mientras probaba todos los platos, Morry-san me contó cómo estaba recorriendo su Shikoku Henro. Su plan era hacerlo a lo largo de tres viajes: el primero en coche (pero no se lo quisieron dar por un problema con los sellos en el permiso internacional que ahora me preocupa a mí también), el segundo con su tienda de campaña (aunque al final acabó yendo a alojamientos debido al frío) y ahora estaba en el tercero. Se iba a alojar varios días en Nojima House y a ayudar a Taniguchi-san, por ejemplo, con la celebración de un evento de jazz o la construcción de un pozo para un amigo, y esperaba poder ir en coche a visitar algunos de los templos que le faltaban.

Festín como osettai.

Con Morry-san, kugiri-henro.

Llegó entonces la tercera huésped de la noche, Marilo-san, de España. Fue inevitable que nos pusiéramos a hablar en español y monopolizásemos la conversación. Ella trabajaba en Santiago de Compostela y estaba haciendo su tesis doctoral sobre el Camino de Shikoku y el Camino de Santiago, tutelada por uno de mis profesores del máster. Había estado los últimos meses visitando templos y desde hacía tiempo se alojaba en Nojima House mientras escribía la tesis. Me preguntó por mi interés en la peregrinación y le conté brevemente mi experiencia en 2024. Le pedí su contacto para poder estar al tanto de su investigación, que por un momento me pareció mucho más fascinante que la mía... aunque luego me consolé al pensar que quizás, si pasara años investigando sobre el Shikoku Henro, perdería precisamente parte de su misticismo.

Con Taniguchi-san, salvador de peregrinos.

Con Marilo-san, investigadora sobre el Camino.

Taniguchi-san me preguntó por mi plan para estos días. Se lo expliqué como buenamente pude en japonés y me miró extrañado, pero Marilo-san le confirmó que lo había entendido bien. Taniguchi-san se ofreció nuevamente a llevarme en coche tanto a la parte baja como a la parte alta de la montaña, pero lo rechacé amablemente: "son solo unos días, así que quiero andar todo lo posible". Antes de retirarnos a nuestras habitaciones, nos hicimos varias fotos en la entrada de Nojima House, también con un perrito que rescató Taniguchi-san y del que ahora se ocupa Marilo-san. 

Henro gozu, preparado para una breve etapa.

Me di una ducha, publiqué la entrada del blog y deshice la mochila para rehacerla solo con lo que quería llevarme estos días. Preparé de nuevo mi ropa de ohenro, como había hecho cada mañana durante la peregrinación, y me quedé mirándola, emocionado por volver al camino aunque fuera por un segundo. Me tumbé y me fijé en que, con suerte, podría dormir unas cinco horas... hay costumbres que no se pierden.


¡Hasta la próxima!

また!


INFORMACIÓN 

  • Fecha: 26 de septiembre de 2026.
  • Alojamiento: Nojima House (reserva por Facebook).

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