Pensaba que la función de ese tramo era solo probar el ascenso con cadenas, por lo que me quedé atónito con las vistas. Me senté a recuperar fuerzas y a disfrutar del paisaje, con el viento recordándome que estaba a más de 1500 metros de altitud.
Como ese día no tenía prisa, hasta las seis no sonó el despertador. Me levanté y comprobé con alivio que la ropa se había secado gracias al ventilador. Desayuné y preparé una mochila ligera con algo de abrigo. En una aplicación comprobé la previsión meteorológica, que anunciaba ligeras lluvias, por lo que tomé nuevamente el paraguas junto al bastón y la capa de agua.
Desde la puerta del alojamiento ya se vislumbraba el santuario Joju. Me asomé al salón principal, donde un sacerdote iba de un lado a otro, posiblemente terminando algunos preparativos antes de la hora de apertura. Junto al santuario, el sanmon actúa como separación entre el área de Joju y el camino de montaña.
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| Santuario Joju. |
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| Salón principal. |
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| Casetas y sanmon. |
El objetivo del día era completar el ascenso hasta la cima del Ishizuchi-san, la montaña más alta de la isla de Shikoku, con 1982 metros de altura. Lo que no me esperaba era que el primer tramo fuera una bajada continua... cuanto más avanzaba, más tenía en mente que esos metros los volvería a subir más pronto que tarde.
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| Hacia abajo... |
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| ...descanso en el torii... |
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| ...y hacia arriba. |
Sobre las ocho de la mañana llegué a la primera prueba de Ishizuchi-san: Tameshi no Kusari, o cadena de prueba. El acceso a la cima se realiza tradicionalmente a través de tres tramos con cadenas, de 33, 65 y 68 metros cada uno, además de un tramo de prueba de 74 metros. Existen caminos alternativos para evitar las cadenas si no se cuenta con la capacidad física necesaria o si el clima no lo permite. Si bien no era el mejor día para realizar el ascenso con las cadenas y el terreno mojado por la lluvia reciente, decidí que para eso debía estar la cadena de prueba, para probar.
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| Tameshi no Kusari. |
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| Amuletos y Snufkin, protegedme. |
Equipado con guantes y con el resto de mis utensilios hábilmente amarrados a la mochila, comencé el ascenso. Los primeros diez metros los subí sin problemas por la propia roca, tomando como apoyo las cadenas. Llegado un punto en el que los agarres y, sobre todo, las zonas donde apoyar los pies, no eran tan evidentes, opté por utilizar las propias cadenas no solo para impulsarme con las manos, sino también para clavar mi calzado. En los últimos metros retomé la escalada en roca hasta completar los 48 metros de ascenso.
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| Hasta aquí solo por roca sin problema. |
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| Sí, el bastón se enganchó un par de veces en las cadenas. |
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| Solo un poco más... |
Pensaba que la función de ese tramo era solo probar el ascenso con cadenas, por lo que me quedé atónito con las vistas. En lo alto de las rocas había un pequeño santuario, desde el cual podían verse todas las montañas de alrededor. A diferencia del resto de la ruta, cuyo destino es el mismo tanto si tomas las cadenas como si no, este lugar solo es accesible mediante el Tameshi no Kusari. Con cuidado, ya que las piedras estaban muy resbaladizas, llegué hasta el santuario para dejar un osamefuda como ofrenda. Me senté a recuperar fuerzas y a disfrutar del paisaje, con el viento recordándome que estaba a más de 1500 metros de altitud.
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| ¡Se llegó! |
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| Pequeño santuario en la cima. |
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| Solo faltaba el termo con café caliente. |
La otra particularidad del tramo de prueba es que también requiere bajar usando las cadenas por el otro lado. Si bien la altura es de 19 metros, la complejidad me pareció mayor que la subida, ya que había varios segmentos en los que el ángulo de la roca te impedía ver con claridad dónde apoyar los pies. Para más inri, a mitad de trayecto comenzó a caer una suave llovizna que me hizo tensar más los músculos cada vez que cambiaba de posición. Confiando en mis supuestas habilidades de escalada y sin asumir más riesgos innecesarios, descendí poco a poco hasta que mis pies tocaron tierra firme.
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| Ay, ay, ay. |
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| Qué bien se ve en la foto y qué difícil bajarlo. |
Me acerqué a la cabaña que había avistado mientras bajaba y me sorprendí al ver que su interior tenía mucho mejor aspecto que la fachada. Me apoyé en una de las mesas e imaginé lo abarrotado que debía estar aquel puesto durante los fines de semana de verano, sirviendo granizados a los senderistas. Terminé el café que había comprado en el alojamiento y regresé al camino, que poco a poco se iba despejando. Los árboles fueron sustituidos durante un breve momento por pequeñas plantas y, aunque solo me encontré sobre mí una gran masa de nubes, era un alivio estar momentáneamente en campo abierto.
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| De verdad que por dentro no tenía tan mala pinta. |
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| Con la confianza justa. |
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| A cielo (gris) abierto. |
Un cartel indicaba de forma muy gráfica la subida que me esperaba, otros 300 metros. Antes de darme cuenta estaba delante de la primera cadena. Estaba bastante húmeda debido al rápido chaparrón de hacía unos instantes, pero eso no era suficiente para echarme atrás. Me senté en el suelo para volver a ajustar el paraguas y el bastón en el lateral de la mochila, me coloqué los guantes... y rompió a llover. No como antes, no como el día anterior. Parecía que la masa de nubes había estado acumulando agua durante horas y ya no podía aguantarla más. Rápidamente, me puse la capa de agua y me acerqué a la cadena, valorando si tenía sentido hacer la subida con tanta lluvia. Por suerte, decidí que no, y me refugié en el lateral de una cabaña con la esperanza de que fuera una tromba de agua temporal. Un grupo de ancianos, mil veces mejor equipados que yo, descendieron por el camino alternativo y me pidieron que tuviera cuidado. Los minutos pasaron y tuve que aceptar que la lluvia no iba a parar, por lo que me despedí de la cadena y comencé la subida por la ruta lateral.
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| Alto y claro. |
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| Cuando creía que iba a subir por ahí. |
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| Sistema de poleas para protegerse de la lluvia. |
Hasta el final de la primera cadena fui capaz de mantener seco el calzado. En el siguiente tramo, los caminos estrechos y los escalones totalmente empantanados me obligaron a sacrificar la sequedad de mis pies. Mi mente se fue a unos meses atrás, cuando viví una situación parecida con mi mujer en Torres del Paine, en Chile, donde el mal tiempo nos obligó a permanecer varios días en un campamento. Seguí con el ascenso, agradeciendo a las personas que decidieron construir plataformas en los laterales de la montaña para poder evitar las cadenas en este tipo de días.
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| Se me olvidó la lancha. |
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| Zona de descanso perfecta para el pícnic. |
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| Mejor no resbalarse. |
La presencia de un edificio fue la señal más evidente de que había logrado coronar el monte Ishizuchi. No se veía nada en los alrededores, ni siquiera los picos más cercanos. Me acerqué un segundo al santuario para hacer una foto al cartel de la cima y rápidamente busqué cobijo en el refugio Ishizuchi-jinja Chōjō Sansō.
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| Fin de la tercera cadena y del camino secundario. |
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| ¿1982 metros? |
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| Refugio en la cima. |
El refugio contaba con instalaciones suficientes para que varias decenas de peregrinos pudieran pasar la noche. Saludé a los dos trabajadores y pregunté si tenían alguna bebida caliente para recuperar la temperatura. Me quité las prendas empapadas y me puse la ropa de cambio que había logrado mantener protegida. Acompañé el café que me sirvieron con un poco de fruta, mientras miraba por la ventana intentando adivinar cuándo el tiempo iba a mejorar. Hablé brevemente con el único huésped, de Estados Unidos, y sobre las doce decidí que debía emprender el camino de regreso.
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| Poco más se puede pedir. |
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| Al menos sí vi el paisaje en la cima. |
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| ¡Me toco el que quería! |
Al salir del refugio la lluvia seguía cayendo de forma intermitente, pero al menos la niebla se disipó unos instantes y pude ver el Tengu-dake, el verdadero punto más alto de la isla de Shikoku: 1982 metros frente a los 1974 metros de Misen, el pico donde me encontraba yo. Era un camino de filo de navaja totalmente expuesto y, si bien inicialmente había dudado si intentar cruzarlo o no, me despedí del Tengu desde Misen sin ningún titubeo.
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| Gracias por pasarte a saludar, Tengu-sama. |
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| Santuario en la cima de Misen. |
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| Ohenro, niebla y un móvil empañado. |
El descenso, como me ha ocurrido en otras ocasiones en las que he vuelto sobre mis pasos, fue más breve, incluso a pesar de la lluvia, que me obligaba a tener más cuidado para no tropezar en los escalones de madera. De vez en cuando me crucé con otros valientes montañeros que habían decidido visitar el monte Ishizuchi a pesar del mal tiempo, uno de ellos utilizando también la técnica del paraguas.
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| Sin prisa, con cuidado. |
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| Ánimo, compañero. |
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| De vuelta al bosque. |
Ya en el alojamiento, lo primero fue una ducha larga de agua caliente, seguida de un helado de matcha. Después de comer, le pedí al dueño papel de periódico para el calzado y me dijo que no me preocupase, ya que tenían una secadora específica para eso. El resto de la tarde estuve en el salón, escribiendo el blog y modificando mi itinerario para el día siguiente. Es verdad que los cambios habrían sido más sencillos si hubiera bajado ese mismo día toda la montaña, pero disfruté de estar tirado en el cojín dedicando tiempo a plasmar aquí lo ocurrido esos días.
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| Vecino de salón. |
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| No está mal parar de vez en cuando. |
Antes de dormir me escribió Marilo-san para preguntarme qué tal había ido el ascenso. También me preguntó por el donativo que yo había dejado en Nojima House. Pensé que era por su investigación, pero después me dijo que se había producido una "confusión" con Morry-san y con el dinero que había en la caja de donativos. Preferí creer que realmente había sido una confusión, pero me dio pena tanto por Taniguchi-san como por la mala imagen que quizás alguien había dejado de mí en Nojima House. Incluso en una peregrinación las personas te sorprenden tanto para bien como para mal...
Madre mía!!!! Que brutalidad esa subida!! Yo ni por las pasarelas🤣🤣🤣
ResponderEliminarY vaya mal trago lo del donativo u.u
Con lo respetuoso que eres siempre...